La investigadora Senta Essenfeld advirtió que la reconciliación en Venezuela no puede reducirse a un pacto político ni basarse en el olvido, y exigió compromisos escritos, facilitadores independientes y atender el deterioro social tras 27 años de autoritarismo.
Essenfeld, psicóloga social, académica y exministra de la Familia (1989-1992), ha dedicado décadas a estudiar la relación entre las personas y las estructuras económicas, sociales, culturales e institucionales que condicionan su vida. Fue fundadora de la Universidad Simón Bolívar, donde desarrolló el área de Bienestar Estudiantil y la División de Humanidades.
Un análisis pionero sobre el desarrollo y sus costos sociales
En su obra La cara oculta del desarrollo, publicada en 1982, Essenfeld examinó los efectos de la modernización en el tejido social: transformaciones familiares, migración urbana, marginalidad y la brecha entre el crecimiento económico y las condiciones de vida. Señaló cómo la sociedad adoptó pautas de consumo de primer mundo sin construir las bases institucionales, educativas y sociales para sostenerlas, lo que generó desarraigo y frustración.
En 1997, coordinó Balance psicosocial del venezolano del siglo XX, un libro que analiza cómo un siglo de transformaciones económicas, sociales y culturales cambió las expectativas de los venezolanos, sus relaciones familiares, su vínculo con el poder y sus formas de convivencia.
Claves
- —La reconciliación requiere acuerdos escritos y facilitadores independientes, no discursos superficiales.
- —Debe ser un proceso colectivo, no una pausa temporal ni un olvido de los daños.
- —El deterioro social tras 27 años de autoritarismo exige reconstruir la confianza y el tejido institucional.
- —La sociedad civil debe liderar el proceso, con participación de ONG, sociólogos y psicólogos.
Condiciones para una reconciliación duradera

Essenfeld subrayó que la reconciliación no puede confundirse con «hacer las paces» o una pausa superficial. «Considerar hacer las paces una pausa sería un engaño; la aspiración no tiene que ser para siempre, pero tampoco un ratico», explicó. Insistió en que se trata de un proceso complejo, colectivo y de largo alcance, que exige sinceridad absoluta de todas las partes involucradas, los facilitadores y quienes aspiran a ella.
«No es personal ni religiosa, sino colectiva. Incluye conglomerados de gente, grupos de pensamiento y hechos. Requiere absoluta sinceridad, cero manipulación, cero hipocresía, cero realpolitik», añadió. Criticó los discursos superficiales que reducen el problema a nombrar los conflictos sin abordar sus causas profundas.
Para Essenfeld, el proceso debe contar con un cuerpo de facilitadores independientes, expertos en este tipo de dinámicas, que manejen los choques inevitables. Además, es fundamental clarificar, por escrito y firmado, qué tipo de país se quiere construir y qué se entiende por reconciliación en la práctica.
El riesgo de la manipulación y la ingenuidad
La investigadora alertó sobre el peligro de que la reconciliación se convierta en un instrumento de manipulación política. «Eso es manipulación. Hay libros de conductas que citan textos de ese tipo. Con los adelantos actuales, podemos comparar las declaraciones del año pasado o de hace dos días con lo que dicen ahora. Esas actitudes no ayudan a la reconciliación; se requiere una sinceridad mínima y compromisos escritos», afirmó.
Essenfeld también advirtió que, sin un programa de reconciliación real, Venezuela podría repetir ciclos de violencia y conflicto, como en otros países donde la falta de acuerdos profundos derivó en guerras internas. «Estaremos condenados desde antes y volverá a pasar lo que ha pasado tantas veces», dijo.
Sobre la posibilidad de que la reconciliación surja espontáneamente del tejido social, la psicóloga fue clara: «Una ilusión. La reconciliación necesita disposición y sinceridad absoluta de las partes, estar seguros de que ambos entienden la conciliación en los mismos términos, y que haya una tercera parte, un facilitador».
Finalmente, destacó que el proceso debe comenzar ya, aunque sea de largo alcance. «No es que mañana vamos a abrazarnos, a decir que sí a todo y a perdonarlo todo. Tampoco se trata de eso. Tiene que empezar ya», concluyó.




