Aunque la presidenta Delcy Rodríguez nombró al mayor general Juan Ernesto Sulbarán como autoridad interna para la emergencia sísmica, la operación real depende de la logística y experiencia del mayor…
La presidenta Delcy Rodríguez designó al mayor general Juan Ernesto Sulbarán Quintero como autoridad única para atender la emergencia provocada por los terremotos. Sin embargo, la llegada a Caracas del mayor general estadounidense Kevin J. Jarrard introduce una lectura más profunda: el mando interno queda en manos venezolanas, pero la respuesta real depende de la logística, la experiencia y la capacidad operativa de Estados Unidos.
Jarrard, el Marine del Comando del Sur
La llegada a Caracas de Jarrard, quien pertenece al cuerpo de Marines de Estados Unidos, modificó el peso operativo de la respuesta. No se trata solo de un representante militar ni de un observador de la ayuda humanitaria, sino que llega con experiencia en despliegues internacionales, logística militar, planificación y coordinación de operaciones complejas.
Perfiles públicos lo describen como un oficial de infantería formado en The Citadel, con experiencia en cargos de comando y de Estado Mayor. Su trayectoria incluye dos despliegues en la operación Iraqi Freedom, el mando de la 3rd Force Reconnaissance Company —unidad de reconocimiento especial del Cuerpo de Marines— y su paso por Marine Forces South, instancia vinculada a las operaciones de los Marines en América Latina y el Caribe.
La comparación entre ambos perfiles resulta poco favorable para la narrativa oficial porque Sulbarán llega con el nombramiento; Jarrard, con el currículum.
Sulbarán, el mando interno con perfil político
Sulbarán representa el mando interno con un perfil político. Su trayectoria está asociada al control territorial, el orden público y la coordinación de cuerpos de seguridad. Como comandante general de la Guardia Nacional Bolivariana, su designación tiene una lógica institucional: articular policías, bomberos, protección civil y organismos de apoyo frente a una calamidad nacional.
Pero una emergencia sísmica de esta magnitud exige mucho más que control interno. Requiere experiencia en rescate urbano, transporte de suministros, movilidad aérea, comunicaciones, manejo de zonas colapsadas, coordinación internacional y capacidad logística sostenida.
Ese es el punto cuestionado por fuentes castrenses. Delcy Rodríguez presentó a Sulbarán como un oficial con “amplia experiencia” para atender situaciones críticas de esta naturaleza. Sin embargo, oficiales consultados por El Nacional han puesto en duda esa afirmación.
¿Cuál es la experiencia? ¿Cuántos terremotos ha atendido Sulbarán? Para 1999, cuando ocurrió el deslave de Vargas, Juan Ernesto Sulbarán Quintero era teniente de la Guardia Nacional. Había egresado en 1993 de la II Promoción “Batalla de Mosquitero” y, según versiones militares citadas por otros medios, su llegada a la Guardia de Honor Presidencial se produjo hacia 1998, en los últimos meses del segundo gobierno de Rafael Caldera. El dato resulta relevante porque, para el momento de aquella tragedia, no ocupaba un cargo de mando estratégico ni aparece vinculado públicamente a operaciones de protección civil o atención de desastres. Su hoja de vida posterior registra ascensos y cargos de seguridad y orden interno, pero no una trayectoria claramente asociada a la gestión de terremotos o catástrofes.
La designación de Sulbarán Quintero puede leerse, más que como una apuesta técnica, como una decisión orientada al control del orden interno. Desde la comandancia de la Guardia Nacional, tiene capacidad para coordinar cuerpos policiales, bomberos y organismos de apoyo, además de articular presencia territorial en medio de la emergencia. Pero esa función no equivale necesariamente a dirigir una operación compleja de atención a desastres, con exigencias logísticas, técnicas e internacionales.
Allí aparece el peso de Jarrard. El mayor general estadounidense llega con otro tipo de experiencia. Su papel está vinculado al despliegue de capacidades del Departamento de Defensa, al movimiento de personal, al transporte de suministros, al apoyo aéreo, a la coordinación con equipos de búsqueda y rescate y a la articulación de recursos militares en una emergencia de gran escala.
Jarrard representa la capacidad operativa que Venezuela necesita y que el gobierno interino no parece tener por sí solo. Su presencia refleja que la ayuda estadounidense no se limita a enviar alimentos, medicinas o equipos. Llega también con mando, planificación, logística, aeronaves, buques, personal especializado y una estructura militar capaz de ejecutar sobre el terreno.
La diferencia entre Sulbarán y Jarrard no está en una disputa política, sino en el tipo de respuesta que cada uno representa. Sulbarán concentra la autoridad interna conferida por la presidente Rodríguez para ordenar cuerpos de seguridad y organismos de apoyo. Jarrard, en cambio, encarna la experiencia técnica, logística y operativa que suele ser decisiva en una emergencia de gran escala.
En una tragedia como la del terremoto, lo urgente no es solo ejercer autoridad, sino salvar vidas, ordenar la emergencia, abrir corredores de ayuda, coordinar rescates y garantizar que la asistencia llegue a quienes la necesitan. La respuesta no puede medirse por el control del territorio, sino por la capacidad de proteger a la población en las horas más críticas.