El politólogo Gonzalo González sostuvo que la llamada operación Dinorah puede considerarse, en principio, una iniciativa positiva para abrir una negociación política y avanzar hacia la reinstitucionalización del Estado, pero advirtió que presenta fallas de representatividad y opacidad que generan desconfianza en el sector democrático.
Un nuevo actor en el escenario político
González señaló que los sucesos del 3 de enero del presente año supusieron un cambio cualitativo en la política venezolana, al emerger Estados Unidos como un actor distinto al régimen y al movimiento democrático, con capacidad para incidir en el curso presente y futuro del país.
Según su planteamiento, ese peso se explica por la voluntad de Washington de definir el rumbo del proceso político venezolano, en un contexto marcado por intereses geopolíticos que considera afectados por la política internacional y de alianzas del chavismo.
Desde esa lógica, indicó, se originan tanto el interinato como el Plan Rubio. En ese marco, afirmó que los actores políticos internos deben actuar con realismo y pragmatismo, tanto quienes buscan garantizar la continuidad del poder como quienes aspiran a que se concrete una salida política tras la apertura ocurrida el 3 de enero.
Expectativas sobre la operación
González explicó que la operación Dinorah aparece en un escenario en el que el tutor externo busca controlar los asuntos más relevantes del presente y el futuro del país. A su juicio, la iniciativa rompe la inercia y la incertidumbre sobre la posibilidad de que se materialice la tercera etapa del Plan Rubio.
También afirmó que la operación busca impulsar un proceso negociado para la reinstitucionalización de la gobernanza del Estado, lo que incluiría la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral y de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia.
Agregó que algunos de sus postulados y objetivos coinciden, en términos generales, con los contenidos del Manifiesto de Panamá.
Las reservas del liderazgo democrático
El mayor reparo, de acuerdo con González, es que el liderazgo visible de las fuerzas de cambio fue marginado no solo de la concepción de la operación, sino también de la comisión negociadora que se propone instalar con el régimen.
Señaló además que los nombres planteados para representar a las fuerzas democráticas en una eventual mesa de negociación no han sido designados por el liderazgo político ni por las organizaciones a las que pertenecen. En su criterio, esto deja un déficit de representatividad del lado democrático frente a la representación del régimen.
Otro punto que consideró preocupante es que no están claras las formulaciones ni las propuestas que se discutirían, ni tampoco el escenario en el que fueron debatidas y decididas. Esa falta de información, dijo, alimenta alarma, prevención y desconfianza tanto en la sociedad como entre los actores políticos del campo democrático.
Llamado a mayor activación política
González afirmó que hechos de ese tipo seguirán ocurriendo mientras el apoyo social al liderazgo de María Corina Machado y a la estrategia que defiende se mantenga pasivo y solo declarativo. A su juicio, ese respaldo debe transformarse en una movilización activa en todo el territorio nacional.
En ese sentido, consideró indispensable que se muestre mayor fortaleza política y organizativa, al insistir en que la política, en última instancia, también es una cuestión de fuerza. Por ello, planteó que Machado debería regresar cuanto antes para encabezar ese esfuerzo.
El politólogo aclaró que no propone desconocer ni oponerse a la operación Dinorah, sino introducir cambios para que tenga mayor representatividad y recoja el sentir nacional. También dijo que esos ajustes ayudarían a prevenir nuevos marginamientos al liderazgo democrático y a evitar la proscripción de la candidatura presidencial de Machado, objetivo que atribuyó al régimen y a sectores no chavistas aliados con este.
Gonzalo González es politólogo y fue diputado al Congreso Nacional.