Política

Dos pragmatismos compiten por el rumbo de Venezuela

La discusión sobre Venezuela gira entre un pragmatismo de corto plazo y otro que apuesta por un cambio político con más alcance.

Dos pragmatismos compiten por el rumbo de Venezuela

En el debate político venezolano se ha instalado la idea de que, alrededor de Venezuela, compiten dos corrientes por ganar el respaldo de Donald Trump. A una se le suele llamar pragmática y a la otra, línea dura o intransigente. Sin embargo, esa división no describe con precisión lo que realmente está en juego.

Dos visiones de pragmatismo

La primera postura favorece mantener relación con el interinato, con el foco puesto en facilitar negocios para empresas estadounidenses y sin dar demasiada importancia a la transición democrática. La segunda insiste en promover cuanto antes un cambio democrático en el país. Presentadas así, ambas posiciones parecen contraponer pragmatismo e იდეología, pero el contraste no es tan simple.

Reservar el calificativo de pragmático para quienes prefieren contemporizar con el interinato resulta, en realidad, engañoso. En el lenguaje político de Estados Unidos, el término pragmatismo suele llevar ventaja y se asocia con una forma de ver el mundo que privilegia resultados concretos por encima de las posturas abstractas. Por eso, reducir el debate a una oposición entre pragmatismo e idealismo termina favoreciendo a una sola de las corrientes en disputa.

Más allá de las etiquetas, lo que compite ante Trump son dos clases de pragmatismo. Uno es de corto alcance, más limitado y miope. El otro mira a mayor plazo y se apoya en una lectura más realista de los intereses de Estados Unidos. Desde esa óptica, un gobierno aliado serviría mejor a esos intereses que un gobierno tutelado. Bajo esa premisa, resulta más pragmático impulsar un cambio político que conduzca a una relación de alianza que sostener un esquema de control precario.

El peso de los cálculos en Washington

La idea de que es preferible un gobierno aliado a uno tutelado aparece con cada vez más frecuencia en programas, entrevistas y comentarios sobre el tema venezolano. Periodistas, analistas, comentaristas y politólogos, dentro y fuera de Venezuela, la repiten de distintas maneras. Al mismo tiempo, crece la percepción de que la visión de mayor fondo va ganando espacio en la discusión de quienes se disputan la atención de Trump.

Los indicios apuntan a que se impone la lectura de que el interinato no puede ofrecer a Trump y a Estados Unidos todo lo que les interesa, salvo dentro de márgenes muy estrechos y por un tiempo corto e incierto. En ese sentido, la apuesta por sostener esa vía luce poco pragmática. El terremoto, además, colocó esas realidades en primer plano de forma trágica.

Quienes en Estados Unidos defienden sin descanso una salida democrática para Venezuela también actúan con un cálculo político muy concreto. De hecho, son presentados como actores profundamente pragmáticos y poco ideológicos. Esa cautela los lleva a avanzar con pasos medidos, aunque cada vez parece más evidente que existe margen para acelerar los ritmos. Para los venezolanos, el cambio político sigue siendo una aspiración propia; lo deseable, según esta lectura, es que también sea entendido como un interés conveniente para Estados Unidos.

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