Se desarrolla en Caracas la segunda ronda de diálogo político entre las delegaciones del chavismo y la oposición. Se trata de un proceso promovido por los Estados Unidos, que ya tuvo unas primeras sesiones iniciales de trabajo en agosto. Son jornadas que se ocurren con discreción, enhebrando una especie de correlato que ocupa su lugar junto al ruido del debate sobre los acuerdos petroleros y los intereses económicos de la Casa Blanca en el país.

Del propio núcleo de las mesas de trabajo en Caracas se filtra información: la atmósfera de las conversaciones ha sido llevadera; se han ido produciendo acuerdos a una velocidad interesante, y no parecen existir -hasta ahora- grandes obstáculos que franquear para irse aproximando a los puntos más delicados. Un nuevo Consejo Nacional Electoral, o una fecha definitiva para unas elecciones, son temas que aún no aparecen en el radar, pero son asumidos como la consecuencia natural de todo este esfuerzo.

Acuerdos sobre activos y presión internacional

Quedan, de acuerdo a los reportes, unas cuatro jornadas de trabajo. Se presume que a comienzos del año que viene se puedan presentar anuncios concretos en materia de reinstitucionalización.

En ese encuadre, se han ido concretando acuerdos para la recuperación de activos de la República, en principio del oro venezolano retenido en el Banco de Inglaterra. Estados Unidos no ha querido colocar un centavo de sus contribuyentes para financiar la atención de los problemas venezolanos en todo el marco de sucesos del país, como consta en muchos reportes informativos.

Bajo la presunción de que se trata de una nación con recursos, que después de todo tiene algunos instrumentos para atender sus problemas, los acuerdos en torno a los activos en el extranjero también han ido cobrando prioridad. El restablecimiento de las relaciones con el Reino Unido, anunciado por Caracas y confirmado por Londres, parece indicar que los británicos comienzan a desprenderse de este problema. El oro nacional será trasladado al Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Todavía no se escucha nada sobre Citgo y otros activos nacionales comprometidos en costosos litigios.

Voceros involucrados en este proceso, coinciden en señalar que, en esta ocasión, y a diferencia de otras, la presión de los Estados Unidos está haciendo la diferencia. Miraflores ha puesto algunas condiciones, pero en esta ocasión no ha escogido ni el lugar de las negociaciones, ni su fecha, ni siquiera todos los temas que se van a discutir. Washington presiona y está pidiendo resultados.

El dilema de la transición y el escepticismo

El terreno que se ha avanzado en torno a temas modulares -absolutamente necesarios en cualquier cartografía hacia la transición a la democracia-, como las reformas en el sistema de justicia y el nombramiento de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, tienen mucho que ver con la intervención estadounidense. Puede afirmarse lo mismo de la restitución de derechos constitucionales, como las garantías para el ejercicio de la política y la libertad de expresión, que ya está la zona de debate.

El país conoce la mecánica de estos procesos, porque ya se han vivido varios: en las primeras de cambio se cuelan versiones alentadoras sobre la posibilidad de acuerdos y un desenlace afortunado. Con el paso de los meses, la voluntad de los actores se va entumeciendo entre las medias verdades, el ánimo especulativo y los intereses creados. Y si los contenidos de los acuerdos ya firmados pesa demasiado, como sucedió en Noruega y en Barbados, pues sencillamente no se cumplen.

Un dirigente político próximo al equipo político de la oposición en la mesa de Caracas que ha preferido no identificarse, comenta sobre la dinámica actual: “El régimen ha quedado sobrepasado. Los chavistas no quisieran estar en esa mesa, ni que los Estados Unidos estén presentes en el país, ni tener que hacer concesiones a la oposición. Lo hacen porque tienen que hacerlo. Nosotros sabemos que aquí no hay ninguna vocación democrática. Lo hacen por obligación.”