Abelardo de la Espriella espera la confirmación oficial de su triunfo en Colombia tras imponerse en una segunda vuelta muy ajustada. Su ascenso, impulsado por un discurso radical contra la izquierda y los partidos tradicionales, lo coloca como una figura que promete administrar el Estado “como una empresa próspera”.
Un outsider que capitalizó el desencanto
Con 47 años, este abogado millonario, apodado “El Tigre”, se convirtió en un fenómeno político tras capitalizar el desencanto con la izquierda en el poder. El 21 de junio fue elegido luego de vencer al izquierdista Iván Cepeda, aliado del presidente Gustavo Petro, en una contienda marcada por referencias al patriotismo y por un tono abiertamente confrontacional.
Su campaña lo presentó como un dirigente dispuesto a romper con la política tradicional. De la Espriella dejó fuera a la derecha convencional en la primera vuelta y pasó a respaldarse en un mensaje antisistema que, para algunos sectores, resultó demasiado extremo. Ese giro también pudo haber provocado que parte del centro político afín al liberalismo colombiano no se inclinara por su candidatura y se dividiera, en parte, hacia Cepeda.
Seguridad, riqueza y mano dura

Entre sus principales promesas figura “generar riqueza y más seguridad” en un país golpeado por el conflicto armado al final del primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia. Caribeño y ultraderechista, se define como judeocristiano y asegura que dejó atrás la vida de lujos que llevaba en Florencia, Italia, para dedicarse a gobernar Colombia.
En sus actos públicos juró “reconstruir la República”, defender la democracia “por la razón o por la fuerza” y convertirse en “enemigo acérrimo” de la izquierda. También elevó el tono contra sus adversarios políticos con frases como: “A toda esa mafia que desgobierna Colombia les digo: aquí hay una manada, hay un pueblo que no se arrodilla y que ha venido a enfrentarlos” y “a castigarlos”.
Si llega al Palacio de Nariño, afirma que no será “un mercader de ilusiones”, sino “un empresario de realidades”. Su discurso insiste en una línea de mano dura contra bandas criminales y la guerrilla, y sostiene que tendrá un gobierno “inflexible frente al terrorismo”.
El Estado como una compañía
De la Espriella plantea reducir en 40% el tamaño del Estado y convertirlo en una “compañía próspera”. Para ello dice inspirarse en los mandatarios Javier Milei, Nayib Bukele y Donald Trump. También propone el porte de armas y la construcción de megacárceles en las que los presos quedarían “a diez pisos bajo tierra” y serían alimentados “con pan y agua”.
Otra de sus ideas es aliarse militarmente con Estados Unidos e Israel para combatir a las mafias. Además, apuesta por sepultar el tribunal surgido del acuerdo de paz con la guerrilla FARC en 2016, instancia que juzga los peores crímenes del conflicto armado.

Imagen pública, polémicas y respaldo
La imagen de De la Espriella combina gestos de firmeza con una puesta en escena calculada. En actos públicos apareció representado como un tigre de colmillos afilados mediante inteligencia artificial, mientras que en redes sociales suele mostrarse fumando tabaco o promocionando sus negocios de vinos y rones, además de su marca de ropa De la Espriella Style.
Camina custodiado por decenas de soldados, policías y escoltas después de denunciar amenazas de muerte. Padre de cuatro niños, dice tener “los cojones” para gobernar con “mano de hierro” a Colombia, el país con mayor producción de cocaína del mundo y sumido en un conflicto armado de más de seis décadas.
Su discurso también le ha generado controversias. En una oportunidad afirmó que en Colombia se debía “destripar” a la izquierda, declaración por la que luego pidió perdón. Durante la campaña fue cuestionado por expresiones consideradas machistas y homofóbicas, aunque esos señalamientos no frenaron su popularidad.
Desprecia a los políticos, pero mantiene una “gran amistad” con el expresidente de derecha Álvaro Uribe, quien gobernó entre 2002 y 2010. También sostiene que vive “acorde a los principios judeocristianos”, pese a que antes se consideraba ateo. Suele presentarse como parte de una familia de ganaderos del Caribe y dice que creció “al estilo de Tom Sawyer”, pescando y jugando en el campo.
De la Espriella, de nacionalidad estadounidense y colombiana, carga además con cuestionamientos por sus vínculos pasados como abogado y por el origen de su fortuna. Antes de lanzarse a la presidencia, presumía en redes sociales de viajes en aviones privados, trajes de sastrería, sombreros y lentes oscuros de lujo.
