La tos se produce por irritación del sistema respiratorio por un virus, bacteria, proceso alérgico o por factores ambientales (humo, contaminación, olores fuertes, pelos de animales, etc), o por mocos, siendo un mecanismo de defensa del cuerpo para movilizar las secreciones y mantener limpias y abiertas las vías aéreas.
Explica la pediatra María Cristina Norena que la tos infantil no debe ser tratada con jarabes expectorantes ni antitusígenos, (no suelen servir y al contrario, pueden tener efectos secundarios.) La mayoría de las veces, la tos se autolimita a veces se hace crónica (dura más de 3 semanas), y molesta por afectar el sueño, el ánimo, la concentración y las actividades diarias de niños y padres. Y muchos padres se preocupan y estresan al respecto.
“Como pediatra, lo importante es buscar las posibles causas y tratarlas. Si bien la mayoría son residuales luego de una gripa, el asma, el reflujo gastroesofágico, las alergias, sinusitis y hasta los parásitos intestinales pueden producir tos”, dijo Norena.
Aseguró la especialista que “es muy importante vigilar la presencia de signos de alarma:
-Respiración rápida o dificultad para respirar (hundimiento de costillas al respirar, aleteo de las fosas nasales).
-Cianosis (color azul de los labios, la lengua, la cara).
– Estridor (sonido agudo fuerte al inspirar).
-Sibilancias (silbidos del pecho) al expulsar el aire (excepto si es un niño asmático y se les han dado pautas para el manejo de crisis).
-Fiebre en menor de 3 meses de edad, Fiebre que dura 72 horas si hay tos sin congestión nasal.
-Dolor o supuración de oídos, irritabilidad o decaimiento. Si se acompaña de mucosidad por
14 días.
“Lo mejor para tratarla es mantener la nariz permeable, tomar abundante agua, traguitos de bebidas dulces como el zumo de naranja o mandarina, y evitar la exposición al humo de cigarrillo, contaminantes ambientales y cambios bruscos de temperatura. Cuando el origen es bronquial o alérgico el tratamiento puede incluir inhaladores o antialérgicos, para lo cual es clave hacer una buena historia clínica y examen físico completo en el consultorio pediátrico”, recomendó la experta.
