Durante la infancia la práctica de yoga se convierte en una excelente opción para ejercitar la respiración y en la que aprenderán los niños a relajarse para hacer frente a la ansiedad y a la falta de concentración, problemas evidentes y reales de la sociedad actual. La psicóloga zuliana Daniela Méndez tiene dos años como profesora de yoga para niños en el Instituto Karuna y desde su experiencia confirma el poder sanador, maravilloso y terapéutico de esta filosofía milenaria que se originó en India.
Una forma diferente para relajarte
En el yoga los niños encuentran un nuevo espacio para ellos en donde experimentan sensaciones en su cuerpo, mente y corazón.
“Lo mejor es que se conecta con su ser interior, justo allí donde la prisa cotidiana que nosotros los adultos vamos transmitiéndole a ellos”, explica Méndez.
Las razones del por qué las madres se interesen en llevar a su hijo a la primera sesión siempre son diversas. Por lo general, muchas ya conocen la disciplina y, en consecuencia, los motivan a conocer lo que ellas practican. Así lo expresaron Raquel Vargas, Trina Enciso y Stravula Carataidis. Ellas han conseguido en el yoga sentirse plenas desde todo punto de vista y, por supuesto, consideran que sus niños merecen crecer de la misma manera, desde la felicidad.
Favorece el alma y el cuerpo
Helena y Zara González (de 10 y 8 años respectivamente, hijas de Raquel) tiene un año haciendo clases en Karuna, pero ya habían conocido el yoga cuando vivían en Isla de Margarita. La mayor define la práctica en cinco pasos: “Primero nos relajamos, luego hacemos estiramientos, le siguen algunas posturas, también pintamos y cantamos. Al final, meditamos”.
Su hermana, Zara, reveló que después de esa hora y media: “quedo muy contenta”.
Encuentras amigos
“Salen asombrados y con una mirada maravillada”, agrega la instructora Daniela Méndez y cuenta que muchas madres siempre le preguntan: “¿Hicieron alguna postura? Mi hijo me contó la semana pasada lo de unos masajes y una relajación…”.
“Lo más importante es que vean en sus niños esa paz y las sonrisas que consiguen con la sesión de yoga”, apuntó la psicóloga. La especialista no acepta que ningún alumno vaya obligado, “tiene que haber un deseo propio”. En su experiencia, la mayoría son regulares. De hecho, tiene muchos pequeños que aún están descubriendo la noción del tiempo y le preguntan a sus progenitoras: “Mami, ¿ya es sábado? (día en el que hacen las clases)”, cuando han pasado apenas dos días y es lunes.
El yoga puedes realizarlo en familia
Más allá de que el yoga se convierta en una actividad de recreación, la instructora Daniela Méndez aseguró que está sembrando semillas para vivir en un mundo con personas más conscientes y con una increíble conexión entre su cuerpo, su mente y su corazón. Una conexión sentida y real.