La afectividad viene desde nuestro interior. Es una señal de amor, respeto y cuidado. No es difícil enseñarle a un niño poco cariñoso a demostrar afecto. Cuando haces algo por los demás, te sientes mejor. Se beneficia tanto el que da como el que recibe. Este mismo sentimiento hará que tu hijo quiera realizar más cosas que demuestren afecto.
El desarrollo del mundo afectivo de una persona es vital para su felicidad. Debemos enseñar a a los niños a manifestar y exteriorizar el afecto, las emociones.
“Es importante que el niño observe comportamiento afectuoso de los padres como modelo a seguir. Saludar, dando los buenos días, buenas noches, acompañado de abrazos y besos. Ante los logros alcanzados también celebrarlos con abrazos y besos”, precisó a PITOQUITO la psicóloga Catina Furlan.
Furlan detalla que los padres deben dar el ejemplo. “Como padres debemos ser ejemplos, no sermonearlos, tratarlos con respeto, ser congruentes con lo que se dice y se hace. Ayudarlos a expresar sus sentimientos, enseñarlos a usar palabras adecuadas”.
No todos los niños son igualmente afectivos, los hay más secos o fríos, pero debemos tener paciencia. A algunos de ellos les cuesta más demostrar sus emociones o tener muestras de afecto, tarde o temprano se logrará descubrir la forma en que lo muestran hacia fuera. Lo importante es que los padres colaboren con un granito de arena para hacerles personas de trato afectuoso. Eso les abrirá muchas puertas en la vida y facilitará las relaciones con los demás.
Una estrategia que recomienda la especialista es buscar literatura donde se emplee la afectividad. Puede ser a través de cuentos. También incentivar la participación de los hijos en obras benéficas: recabar fondos, ayudar a víctimas de siniestros, realizar donaciones.
“Es importante ayudar a los hijos a hacer amigos y fomentar el afecto en la amistad. Enseñarles el uso de palabras adecuadas y corregir las inadecuadas. Mantenerse alegre ante demostraciones de afecto por parte de los hijos”, dijo la psicóloga.
