Todos tenemos curiosidad por conocer el origen de las palabras y especialmente los nombres. Pitoquito te ofrece este diccionario para que te animes a aprender más sobre las riquezas de la lengua castellana.
¿Sabías que los nombres de las personas tienen un significado? Pues sí, cada cual tiene una explicación, tiene su historia.
El lingüista Tito Balza Santaella, autor de “Tu nombre ¿sabes lo que significa”, nos dice que “las fuentes de los primitivos nombres eran las plantas, los animales y cualquier otra cosa de la naturaleza; en general cosas visibles y perceptibles como los astros del cielo”.
La onomástica es la ciencia que estudia el origen de los nombres. Pero el área que se dedica a la investigación de aquellos que pertenecen a los seres humanos es la antroponimia.
Su historia. Los nombres semitas, los más antiguos -explica el estudioso de la lengua española- consistían en dos elementos combinados para resultar inteligibles. Algunas veces hasta tres. Por ejemplo: Eli-sa- beth, en el que cada sílaba tenía un significado distinto.
Los griegos fijaban el nombre del niño entre el séptimo y décimo día después del nacimiento. Y el hijo mayor era llamado como el abuelo.
Los apodos eran frecuentes, señala el lingüista. El filósofo Platón era llamado así porque tenía los hombros anchos. Pero su verdadero nombre era Aristocles. Aristos>el mejor y kleos>gloria.
En Roma los ciudadanos tenían tres nombres: el prenombre, el nombre y el sobrenombre.
Por ejemplo, Marcus- Tullius- Cicero. Marcos Tullios sería el nombre central. Y Cicero representaba el sobrenombre que significaba verruga. Así que Marcus Tullios era el hombre de la verruga, apodo por el cual es más conocido en la historia.
Explica Balza Santaella que en la Edad Media se comenzó a designar cada persona con nombres que expresaban buenos deseos y augurios.