La Colección Científica de Ictiología de la Universidad Nacional Amazónica de Madre de Dios reúne 2.000 lotes y cerca de 300 especies de peces, un inventario que equivale a casi el 40 % de la diversidad reportada para la cuenca del río Madre de Dios.

El acervo permite documentar cómo la minería ilegal de oro transforma la vida acuática en esta zona amazónica de Perú y cómo algunas especies se adaptan a ecosistemas alterados por esa actividad.

La primera colección de peces de Madre de Dios revela el daño minero

Una colección nacida para quedarse en la región

Julio Araujo impulsó la iniciativa en 2017, después de advertir en su tesis doctoral que en el territorio había una “generalizada falta de información e interés” por estudiar los recursos hidrobiológicos. Antes de eso, los peces recolectados en Madre de Dios debían trasladarse hasta Lima, a la colección del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

La primera colección de peces de Madre de Dios revela el daño minero

Desde 2018, la Universidad Nacional Amazónica de Madre de Dios asumió el proyecto y hoy la colección forma parte de su Instituto de Investigación de Recursos Naturales y Medio Ambiente, dirigido por Yony Fernández. La universidad es la única pública de la región.

Miguel Macedo, curador de la colección, explicó que el equipo ha trabajado incluso en zonas de conflicto, como las cercanías de las pozas mineras de La Pampa, en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata. Allí, dijo, han debido ganarse la confianza de los mineros para poder recolectar ejemplares.

La primera colección de peces de Madre de Dios revela el daño minero

La colección conserva peces de cuencas como las de los ríos Madre de Dios, Tambopata, Inambari y Colorado, además de áreas protegidas como el Parque Nacional del Manu. También guarda especies recolectadas en quebradas, cochas, lagos, cuerpos de agua estacionales y pozas mineras.

Entre sus muestras figuran una anguila eléctrica capturada en 2020 en el río Colorado, varias rayas de distintos ríos y pozas, y un paiche o pirarucú hallado en la quebrada Sandoval. Algunos ejemplares ya fueron identificados con código de barras de ADN y sus secuencias se enviaron a bases de datos como la del National Center for Biotechnology Information.

Araujo calcula que todavía quedan unos 4.000 lotes por analizar en el depósito. Esas muestras, dijo, esperan incorporarse al inventario oficial.