En septiembre de 2023, un grupo de investigadores trabajó en una reserva natural de la costa de Frisia, en Países Bajos, para extraer bloques de marisma y llevarlos a Delft, donde serían sometidos a oleaje artificial. La escena combinó excavadoras, moldes de acero de dos metros por dos metros y piezas de terreno que pesaban entre tres y seis toneladas.
Un traslado de 66 bloques para probar su resistencia
Según el proyecto, fueron 66 bloques de marisma los que salieron de Frisia en unos 20 camiones rumbo a un laboratorio hidráulico. La intención era comprobar si ese terreno costero podía funcionar como defensa natural frente a tormentas severas y no solo frente al oleaje habitual.
El investigador Pim Willemsen, de Wageningen y Deltares, describió el montaje como un gran “cortador de galletas” por la forma en que se extrajeron los bloques. La comparación, sin embargo, ocultaba la escala real del experimento: las piezas eran lo bastante grandes como para recrear franjas de marisma bajo condiciones controladas.
Qué mostró el canal de olas de Delft
Las muestras se instalaron en el Delta Flume, uno de los mayores canales de oleaje del mundo, un sistema de 300 metros de largo, cinco de ancho y nueve y medio de profundidad. Allí, el equipo montó bloques bajo luces de cultivo, riego y controles de salinidad hasta formar dos franjas de 71 metros con un dique detrás.
Después, las máquinas lanzaron olas de 0,75 a dos metros para buscar la combinación más dañina posible. El análisis mostró que, en los primeros cinco centímetros de tierra, las raíces formaban una malla que ayudaba a fijar el terreno. La vegetación también atenuó el oleaje, aunque con menor eficacia a medida que aumentaba la altura de las olas.
Al cruzar los resultados con mapas mundiales de marismas y simulaciones de mareas de tormenta para periodos de retorno de 100 y 1.000 años, el equipo concluyó que en costas con olas de hasta un metro la vegetación reducía el oleaje entre un 10 y un 50%; con olas mayores, el efecto bajaba a menos de un 10%.
Ese tipo de medición ya se está usando en el refuerzo del dique Koehool-Lauwersmeer, donde la autoridad del agua de Frisia, según el material difundido, considera que estos datos permitirían evitar parte del revestimiento y ahorrar millones de euros.
El estudio también recordó la magnitud de la pérdida de marismas en el Guadalquivir: de 165.000 hectáreas originales, se habrían perdido 138.300, el 83%, de acuerdo con el diagnóstico de humedales de la Junta de Andalucía.




