El gobierno luce perdido fuera de foco, disperso y distante de la realidad. Pareciera distraído, desperdigado. ¿Por qué está así? Quizás, porque, montado en una de ideología socialista confunde los tiempos y se lanza, ante las graves dificultades, en una de cambio radical del modelo capitalista y neoliberal que ha caracterizado nuestra economía por siglos. En momentos de profunda crisis, donde está en juego la paz, la tranquilidad y la desesperanza, irrumpe con los llamados “motores” y la preparación para resistir una, nada menos, invasión de los Estados Unidos. La campaña internacional acorrala al país. La OEA, dice tener mayoría para aplicar la Carta Democrática y el G7, llama al dialogo.
Ruedan vehículos militares y milicianos, mientras el 95% de la población resiste los garrotazos de una situación económica insostenible. Esta paradójica situación de visión subjetiva de la realidad y aislamiento trae a mi memoria dos novelas que leí en mis años de adolecente. Metamorfosis de Franz Kafka y La Montaña Mágica, de Thomas Mann. En las cuales el protagonista se aísla de la realidad. El primero se convierte en gusano y corta los lazos humanos en su casa. El segundo se mete en un sanatorio donde se pierde el sentido de la realidad y del tiempo; en años previos a la Primera Guerra Mundial.
Lo que se puede ver nítidamente es al Gobierno, frente a la realidad adversa —desabastecimiento de alimentos y medicinas, inseguridad, inflación, especulación y bajos ingresos familiares— queriendo combatirla con una estrategia de mediano y largo plazo. Busca cambiar el modelo rentista, lo cual requiere siglos. Y una transformación radical de nuestra estructura y dinámica económica. Y la “guerra económica” —fantasma sin rostro— sin nombre ni apellido por un modelo productivo con la aplicación de 15 motores económicos, es una ficción. Echando a un lado el siempre conveniente pragmatismo y las acciones tácticas. Deberían dar un paso atrás estratégico para coger impulso…
Hay que tomar en cuenta que las estrategias principales tomadas por el Gobierno demandan cambios actitudinales y conductuales, con resultados que se verán en décadas. Porque requieren generar modificaciones en los valores productivos y comerciales y en hábitos alimenticios y consumistas. Se trata de la adopción de innovaciones de carácter complejo que no solo reclaman agencias de cambio sino también agentes de cambio de alta calificación profesional en la comunicación educativa y en las técnicas de información para la transferencia.
