Siempre debemos tener presente la amarga experiencia ocurrida en los países que sufrieron del embate del totalitarismo que provocó guerras mundiales con millones de muertos, esclavitud, ruinas y hambruna de los pueblos.
Nos referimos al totalitarismo tanto de izquierda como de derecha, muy señaladamente el nazismo en Alemania y el comunismo a la rusa y cubano; al Chino-maoísta y el Norcoreano. ¿Cómo funcionan esos regímenes?
El Nazismo fue el más brutal de todos los totalitarismos de la historia de la humanidad. En el de la Revolución izquierdista rusa, Lenin, quien no llegó a conocer a Marx debido a la diferencia de edad entre ellos, amplió los postulados del segundo. Señalaba lo siguiente: “Puesto que el capitalismo provocaba desigualdad y guerra, ni la justicia ni la paz podrían prevalecer hasta que el capitalismo fuera derrocado”.
Marx tenía una visión bastante moderada de lo que el concebía como socialismo. En su libro “El capital”, no llegó a concretar cómo se produciría esta situación. Fue Lenin, años después, el que proporcionó el ejemplo: “El Partido Comunista lideraría el proceso, y un único individuo, tal como él lo había hecho en Rusia, lideraría el Partido. La dictadura del proletariado “liberaría” al proletariado. Y como los enemigos de la revolución jamás entregarían el poder voluntariamente, la dictadura emplearía los medios disponibles para conseguir sus objetivos: propaganda, subversión, espionaje, delatores, mentiras, tramposerías, acción encubierta, operaciones militares convencionales y no convencionales, el terror. El fin justificaría los medios, solía repetir a manera de mantra. Seria por tanto, una revolución autoritaria la que libraría a los de abajo, dirigiéndolos desde arriba”.