Félix Cordero Peraza / Articulista Cada día se agudiza más la crisis. La angustia y la incertidumbre se apoderan inexorablemente de las mentes y los pensamientos de la gente. Buena parte de la nación se paraliza haciendo perder oportunidades de trabajo y ocasiones para el progreso individual y colectivo. Un país terriblemente dividido y horrorosamente enemistado. Lanzando al aíre sus grades recursos y potencialidades. Perdiendo el tiempo en los más bajos y miserables intereses de grupos y sectores. Luchando por el poder de manera ciega y obcecada. La confrontación no solo es por la supremacía de ideales teóricos y concepciones de vida, Estado y gobierno, sino también por las prebendas y privilegios que ese poder concede. Que sería natural y hasta lógico si no aparecieran el odio, la violencia y el desprecio entre unos y otros.
Nadie lo sabe. Solo sé sabe que las cosas están en pleno desarrollo. Y el futuro se construye ahora en forma pausada pero firme. Ladrillo a ladrillo. Mientras los políticos invaden al ciudadano con sus acciones y expresiones guerreristas el pueblo victimado sufre las consecuencias de una endiablada lucha entre partidos ególatras e intolerantes. A muchos de los cuales les caracteriza el resentimiento, la calificación despectiva y el fanatismo segregacionista. Fácilmente percibido los últimos días a través de las redes sociales. Dispositivo de desahogo e intemperancia. Abuso e incontinencia. Vivimos una Venezuela del deshonor colectivo e indignidad. Donde la mediocridad y la mezquindad imperan sobradas por sobre los valores tradicionales del respeto y el comedimiento a la inteligencia y la probidad.
Durante la semana mayor, al desabastecimiento, costo de la vida y la inseguridad se agrego —como si fuera poco— la protesta política constante pacífica unas y no tan pacificas las otras de la oposición cuyos militantes y activistas se aglomeran en las principales calles y avenidas, de importantes ciudades del país. Trastornando las actividades diarias y normales de los ciudadanos. Otro grupo de venezolanos se fue a pasar su semana en la playa, montaña, río o casa de sus familiares. La tercera fracción que, a ojos de buen cubero, triplica la suma de las dos anteriores se quedó en casa.
Ante esta realidad ineludible es necesario aupar los esfuerzos que hagan regresar la paz y una relación apacible entre unos y otros. El país hoy como nunca necesita sosiego colectivo y eso solo se lo da una virtuosa prudencia en las posturas y estrategias de naturaleza política. La convivencia, el diálogo o la negociación son el camino para salir airoso de este indecible y apocalíptico momento de retroceso y zozobra. Desterrar el lenguaje político de crispación, ofuscación y xenofobia que caracteriza el discurso y el mensaje opositor y gubernamental. Para lo cual se precisa primeramente destrancar el atolladero constitucional e institucional en que se encuentra el país.
