José Vicente Rangel / exvicepresidente
Si algo caracteriza el comportamiento del liderazgo opositor —el que emergió luego de la derrota que le propinó Chávez—, es su falta de imaginación política.
1) A Nicolás Maduro no lo tumbará la oposición interna –ni la de afuera. La de la MUD. La de los partidos que integran ese organismo. La de Ramos Allup, Julio Borges, Capriles Radonski y otros dirigentes La de los oficiales retirados. La de Fedecámaras. La de la derecha y la ultraderecha. Ese conjunto de factores es el mismo que lleva casi dos décadas tratando de acabar con el proceso bolivariano y no ha podido. El mismo –con los personajes y discursos del 11/A de 2.002–; el del golpe-sabotaje contra la industria petrolera; el de los militares alzados en Plaza Altamira; el del terrorismo, y el de los ejecutores, durante seis meses, de la guarimba criminal del año 2.014.
2) No se puede negar que ese conjunto de dirigentes y organismos ha hecho todo lo posible por acabar, utilizando la violencia, con los gobiernos de Chávez y de Maduro. Pero los esfuerzos han terminado en fracasos clamorosos. Y una de las conclusiones sobre esos fracasos, es que sus autores demostraron desconocer la realidad del país y, por ende, subestimaron lo que representa el chavismo como fenómeno político y social. 3) De nuevo vienen con todo. Con todo que significa repetir los formatos que aplican desde que el chavismo arribó a Miraflores. Porque si algo caracteriza el comportamiento del liderazgo opositor –el que emergió luego de la derrota que le propinó Chávez–, es su falta de imaginación política. De creatividad y capacidad para renovarse. A pesar de contar con gente preparada, pero que no funciona con un equipo de dirección mediocre; de una conducción motivada por el odio y el revanchismo. 4) Todo cuanto hace hoy esa oposición antidemocrática, que no respeta reglas de juego, es actuar con a algo así como una colcha de retazos de fracasos, frustraciones, desatinos, provocaciones, producto del desprecio a la realidad nacional que es típico de su comportamiento. Por eso resulta relativamente fácil hacerle seguimiento, porque está condenada a repetir excesos, desviaciones y errores. En distintos momentos ha insistido en el guión del 11/A con resultados deplorables. Ha tratado de reeditar ataques a áreas básicas de la economía, petróleo, electricidad, como sucedió cuando provocó el sabotaje de Pdvsa. Ha repetido acciones terroristas, similares a las que utilizó durante los años 2.002 y 2003. Ha querido soliviantar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana siguiendo el esquema que aplicó cuando un grupo de militares protagonizó el esperpéntico espectáculo de Plaza Altamira. Ahora se empeña en reproducir la actividad guarimbera (puro terrorismo, según Diosdado) del año 2.014. 5) Con estas demostraciones el liderazgo opositor confirma su propósito de acabar con la Constitución y el Estado de derecho. Pero también su infinita torpeza cuando persiste en el error y cree que el adversario es tan estúpido que no toma conciencia de esa característica y prevé la forma de combatirla. Está demostrado hasta la saciedad que guarimba no tumba gobierno. Pero ahí está el detalle –Cantinflas dixit–: porque lo que sí es cierto es que la incapacidad crónica que revela la oposición interna para salir de Maduro, fatalmente remite la solución a la presión exterior. A los planes de la OEA de Almagro, que son los mismos del Departamento de Estado, del Pentágono, y los expuestos por el Jefe del Comando Sur, el Almirante Kurt W. Tidd, de intervenir en Venezuela por “razones humanitarias”. ¿También los del gorila maquillado que despacha desde la Casa Blanca? Ojo: a estas alturas el “problema Maduro” no lo resuelve una frágil oposición interna, cuyas mañas son conocidas, sino las rampantes decisiones de los centros de poder que operan en Washington. Que actúan al margen del sistema jurídico internacional, de la moral y de elementales principios de convivencia. El golpe verdadero viene del Norte. Las instrucciones para ejecutarlo proceden del exterior. Hasta materializar la intervención directa con el poder y la alevosía que poseen. Lo confirma la novísima “doctrina Tomahawk y Mamá de todas las bombas”.
