No todo el daño nos lo causa el Imperio. Este ha creado un termitero para carcomer la Revolución, a cargo de una parte de la militancia.
Son gremlins que taladran el corazón. Andan con un revolucionómetro. Hay fariseos desde antiguo y viven de las doctrinas ético-salvadoras que se proponen redimir a la humanidad. Saben mejor que tú lo que te conviene y pretenden rescatarte de ti. Acabaron con la Iglesia y con más de un partido revolucionario. Lo están haciendo con la Revolución Bolivariana, porque se apoderan de los aparatos ideológicos del Estado y acusan a todo el mundo de contrarrevolución para abrirse paso. Son difíciles de combatir porque tienen más pureza y santidad que todo el mundo y generalmente es tarde cuando detectas su presencia. No tienen escrúpulos.
Como saben quienes han padecido termitas, Tartufo es difícil de erradicar, generalmente hay que cortar por lo sano y sacrificar estructuras completas para evitar mayor propagación. Peor: se apoderan del proceso de exterminio para extirpar a quienes son fieles.
Afortunadamente las termitas se delatan solas. Hay síntomas: el aspaviento ultrarrevolucionario, la acusación permanente a quien atribuyen déficit revolucionario, visten ropa roja rojita todo el tiempo. En la novela 1984 de George Orwell hay una farisea que lo define de modo luminoso: “Obedece la reglas pequeñas para infringir las grandes”. Cuando acuerda se apoderan de Pdvsa y aún están pendientes de acabarla, porque detectamos los grandes pero dejamos el termitero operando.