El trabajo dignifica. Quienes con mucho sacrificio y esfuerzo, han alcanzado algo en la vida, saben que no hay nada más cierto. Pero, ¿qué podemos esperar de un presidente que no llegó al poder por sus méritos y trabajo? ¿Cómo asimila Maduro que un país se construye trabajando, si nunca lo ha hecho? En su comparecencia ante la Asamblea Nacional, Aristóbulo Isturiz reconoció que la única forma de combatir la inflación se encuentra en el impulso a la producción nacional. Que un gobierno que ha destruido el aparato productivo de un país reconozca esto o es un avance o es un acto de cinismo que se traduce en pensar que el pueblo es engañable y manipulable.
Por eso es incomprensible que un país que necesita impulsar su producción, tenga un presidente que, de manera desesperada, decrete la Semana Santa entera no laborable. Maduro envía a los venezolanos a sus casas para “ahorrar agua y energía.” ¡Qué craso error! ¿Será que unos días libres harán que el crítico nivel del Guri, admitido por el ministro Motta Domínguez cambiará por un milagro? ¿Será que los reservorios de agua potable sorpresivamente se recuperarán sin prever las cuantiosas pérdidas económicas que implica la paralización de un país? Estamos frente a una irresponsable orden presidencial que en nada contribuye a que salgamos de la mayor crisis económica de nuestra historia. Es la nefasta gestión de un sistema que lo que toca, lo destruye.
El agua y la electricidad, prometida para “todos”, terminó siendo como cada empresa estatizada, un bastión de corrupción, una mentira convertida en dolor de cabeza para los venezolanos y un nuevo golpe en su bolsillo. Mientras Maduro vive en su mundo de fantasía, la gente vuelve a sus hogares a “disfrutar” un asueto sin una gota de agua y a oscuras, porque hasta las velas escasean. Mientras visita Cuba, deja una nación a la deriva, angustiada por la escasez, inseguridad, inflación y además, una población sedienta en medio de la oscuridad.
Este Gobierno es el desastre más grave que hemos tenido. Un Gobierno que no fomenta el trabajo, el estudio, el esfuerzo para lograr nuestras aspiraciones, es un gobierno que le hace daño a la sociedad. Un Gobierno que acaba con el emprendimiento, que promueve el facilísimo, que asume actitud paternalista, pero de mal padre, porque un buen padre forma a sus hijos para ser gente de bien y para valerse por sí mismos, es un gobierno que enferma a la sociedad.