La semana que pasó fue muy positiva en la búsqueda de consolidar la paz, de trabajo y de tranquilidad que merece y necesita nuestra patria. El logro, contra el mandato del gobierno norteamericano, para que Costa Rica impidiera el ingreso de la vocería de nuestro país al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra, es un triunfo y un compromiso para nosotros.
Las circunstancias violentas que sacuden social, jurídica y políticamente a gobiernos que se habían puesto a la orden del plan elaborado desde sectores del Departamento de Estado Americano, apoyado por venezolanos sin amor a lo propio, y cimentado en la complicidad fratricida de esos mandatarios, nos obliga a un esfuerzo mucho más orgánico y coherente hacia la eficacia, la eficiencia y la entrega absoluta a dar solución al sufrimiento de nuestra gente.
La realidad que se devela en pueblos de países hermanos, no debe alegrarnos ni darnos cómoda tranquilidad. Debemos acelerar y relanzar el trabajo constructivo, luchar contra alcabalas y grupos con intereses particulares o sectoriales, remar en la dirección que espera nuestra gente sufriente.
La producción de alimentos, la generación de empleos estables, la solución a los servicios públicos y la convivencia con respeto a nuestros principios frente a los Estados Unidos y entre nosotros mismos. Negociación y trabajo con todos los sectores. Eso nos urge y debemos hacerlo ahora. En este breve respiro. Frente a nuestro pueblo sufriente y esperanzado.
