A la luz de los resultados de la elección del 9D la población despacha claro mensaje a la dirigencia política. La crisis extiende, el rechazo al campo electoral. Sus alcances son consecuencia de las políticas de quienes gobiernan y de quienes “lideran” la oposición. Alrededor del 80% de los electores piensa que la oposición no ha estado a la altura de las circunstancias y que el gobierno ha fracasado.
Las derivaciones del 9D son evidentemente un mensaje-castigo para el gobierno como para la oposición. Quien no lo entienda así está jugando carrito. No deducirlo pudiera ser irresponsable. El gobierno ha creado su propio rechazo por sus políticas e ineficacias, cuyos frutos los está padeciendo una población sin líder. Que se siente defraudada por un liderazgo opositor mirándose el ombligo.
El fenómeno electoral es la abstención. Que por supuesto se veía venir. De cada 10 electores votaron 2 y media. Según el CNE se abstuvo el 72,6 % del patrón electoral; unos 20 millones 700 mil individuos. O sea, más de siete de cada tres. Resultados que necesitaran análisis críticos tanto del gobierno como de la oposición. En cuanto a quienes gobiernan votó solo la maquinaria. Aquella que se cobija a la sombre de los programas públicos sociales. Misiones y grandes misiones. Financiadas por el erario público, el dinero de la nación, que ahora son egresos de las finanzas del estado. Una verdadera inmoralidad y carencia de ética administrativa; además violatoria de la norma Constitucional. Tema para el control y supervisión de la Asamblea Nacional. Informe, para la distribución nacional e internacional. La gente medrando en los recursos del estado fueron quienes votaron por el gobierno.
En cuanto a la oposición la derrota es significativa. Pierden casi el total o más de las tres cuartas partes de las cámaras municipales. Los que participaron salen esmirriados y tambaleantes. Una verdadera tragedia estratégica. Los sacaron de los municipios.
