Muchos le han puesto la lápida a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con justas razones. Una de las “palas” que han cavado el foso, ha sido la imposibilidad de ser “una oposición” y no “las oposiciones”, como marcadamente es notable ahora. Otra vela al entierro la ha regalado esa dificultad de ponerse de acuerdo puertas adentro y jugársela con una estrategia única. Esa cofradía íntima jamás se ha logrado. De igual manera, se le puso la corona de flores a la alianza opositora, cuando la miopía se apoderó del liderazgo y se declaraba a los cuatros vientos metas inalcanzables que crearon falsas expectativas.
Existen mucho más motivos que ha costado el funeral de la MUD, pero no es el propósito de estas líneas enumerarlos. Al contrario, la reflexión apunta a identificar las equivocaciones, pero sugerir gestos y posturas constructivas.En primer lugar, la conversación debe ser a lo interno, debatir cómo poder sincronizar la competencia entre la famosa dualidad calle-voto sin tantas fracturas.
De igual forma, se debe resaltar la historia de progresión electoral y los espacios ganados. Por otra parte, no debe olvidarse que se debe apostar con una determinación y a una sola estrategia política, porque la sociedad no sabe a quién escuchar, dada la atomización de la dirigencia, todos quieren micrófonos y no comunican el mismo mensaje. En el mismo sentido, es fundamental articular a la sociedad bajo un relato coherente y una propuesta solidificada que ayude a construir las bases de una infraestructura electoral robusta y romper la inercia política con una recomposición de fuerzas.Sobre el punto de la reestructuración de fuerzas quisiera hacer énfasis.
En mi opinión, se deben recibir a todos y aglutinar voluntades. Recordemos que la victoria del chavismo estuvo combinada por copeyanos, adecos, causaerristas, masistas, pepetistas, entre otros partidos. De nada vale el puritanismo y la ola de intolerancia que quiere condenar cualquier impureza ideológica, según su óptica. Ya se escribió: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Inmaculados ningunos, confesos todos. El poeta Pope escribió por ahí: “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”.
