La aplicación de la futurología a la política es una empresa riesgosa por la maleabilidad y ductibilidad que los seres humanos le imprimen a su quehacer político. Esto impide hacer pronósticos y acertar. Digamos entonces que el país se encuentra en una de sus etapas históricas más delicadas. Varios ciudadanos y ciudadanas están optando para ocupar curules en la Asamblea Nacional a partir de enero de 2016, cada quien ostenta virtudes y defectos propios que les atribuyen sus simpatizantes y opositores.
En la contienda electoral del 6 de diciembre que marcará la historia de Venezuela, no deseamos que el fragor de esa lucha adquiera la dimensión de una litis griega que envuelva y distancie a quienes participan en ella, sino que con enfoques propios ajustados a diversas fórmulas y mecanismos puedan reducir los problemas actuales a su mínima expresión, y en definitiva, devuelvan al venezolano la fe en su país, la convicción de que los problemas grandes y pequeños se resuelven con voluntad y sentido común.
Y en esa litis también participarán quienes se consideren con derecho a atizar las llamas de discrepancia; por todo lo cual el panorama electoral puede cambiar de tono en estos momentos en que el país se apresta a desarrollar un proceso para remover y renovar su cuerpo parlamentario, con esperanzas de que ello genere un amplio margen de aceptación y credibilidad en el aparato productivo, la calidad de vida, la paz social; en tiempos en los que es importante la confianza en el porvenir, en la estabilidad y funcionalidad de sus instituciones básicas. Hay un nivel de conciencia del pueblo, de su espíritu.
La evolución de esa conciencia debe constituirse en el objetivo del Estado en todos sus niveles de poder, estructurada en moralidad, integridad, espiritualidad, responsabilidad y ética, y así transformar la conciencia de las personas. El proceso debe tener inicio en las comunidades donde vive y convive el ciudadano, comunidades estas que organizadas políticamente se tornan en micro-estados, y estos a la vez se convertirán en los átomos del organismo nacional.