Hay dos palabras que parecen definir la realidad venezolana actual: crisis e incertidumbre. Sobre la primera hemos escrito y hablado hasta la saciedad. Venezuela vive la peor crisis económica desde la guerra.
Este coctel Molotov se conecta con la política. 95% de la población indica que el país esta mal. Y entonces ocurre… lo que siempre ocurre. La popularidad del Presidente se debilita y no está en capacidad de ganar ninguna elección. En este momento, el presidente perdería el referendo, la elección presidencial, la elección de gobernadores y, si llegamos al extremo micro, también una elección primaria en el Psuv.
Pero esta información, que puede dar esperanza a la oposición en relación a la posibilidad real de cambio, se convierte, sin embargo, en una gran incertidumbre alrededor de una pregunta que jamás se haría en un país de democracia integral, pero que aquí se convierte en la más importante incertidumbre: ¿y será posible hacer ese referendo? ¿habrá, en total, cualquier tipo de elección, incluyendo gobernadores y asambleas legislativas, mientras el resultado de esa elección ponga en peligro la permanencia de la revolución que controla las instituciones claves para ejecutarlas?
La respuesta a esas preguntas capciosas no es lineal. Entiendo que los políticos tiene que generar la motivación y la esperanza y me parece correcto que lo hagan. Deben soñar y hacer soñar con el cambio para tener la fuerza de lograrlo y deben tener la fe que los mueva en ese sentido. Pero como yo no soy político, ni aspiro a ningún cargo de elección popular, me permito actuar como un bionalista, que da un reporte de la sangre y escribe el rollo sin anestesia, porque es la única forma de que tu médico y tu actúen en consecuencia e intenten resolver el problema.
