Hasta hace poco tiempo, era y sigue siendo claro que el gobierno de Nicolás Maduro ha perdido lo que se conoce como la legitimidad en el desempeño, lo cual no es otra cosa que el fracaso de su gestión, fácilmente comprobable con la grave crisis alimentaria, de la salud y de la inseguridad ciudadana, acompañada de una gran corrupción con impunidad. A todo este cuadro, cada vez más se le suma la pérdida de los valores fundamentales, el deterioro de las instituciones en general, y, en particular, las que tienen que ver con la administración de justicia.
La configuración de la situación nacional antes descrita de manera resumida, impulsó a la mayoría del pueblo venezolano a utilizar el derecho que le establece la Constitución Nacional de poder revocar al Presidente de la República, responsable de esa gestión tan negativa para el país. Buscando una solución democrática, constitucional y electoral, el pueblo venezolano se organizó para lograr a través del revocatorio, el cambio político necesario para rescatar la esperanza en el porvenir nacional, y avanzar hacia un modelo que garantice un desarrollo económico estable, en libertad, y con justicia social.
Ante esa decisión claramente mayoritaria de la sociedad democrática, quienes hoy se aferran al poder en Venezuela, no para servirle al interés nacional sino para proteger los intereses y privilegios de la pequeña cúpula que gobierna, decidieron, utilizando métodos fraudulentos, dar un zarpazo a los derechos constitucionales del pueblo, manipulando como títeres alquilados a jueces incompetentes en materia electoral para tomar decisiones, que convalidó el CNE consagrándose así como una casa para trucos que impide el ejercicio de los derechos políticos de los venezolanos, y como coronación de su conducta bochornosa, le agregó la suspensión de las elecciones de gobernadores de Estados, violando la disposición expresa sobre esa oportunidad prevista en la Constitución Nacional.
De esa manera Nicolás Maduro, que podía alegar la legitimidad de origen que le otorgó la voluntad popular que lo eligió, al impedir que esa misma soberanía del pueblo ejerza el derecho a revocarlo, que según el Artículo 5° tiene la misma base Constitucional que el derecho a elegirlo, perdió su legitimidad de origen al desconocer la fuente a la cual están sometidos todos los órganos del Estado de acuerdo a la disposición antes citada.