La palabra pueblo parece estar en disputa, las elites económicas y mediáticas la reclaman para sí, como consecuencia de los recientes reveses electorales de las corrientes populares democráticas en Sur América.
Nosotros creemos que no puede llamarse pueblo la clase política neoliberal que despide a miles de trabajadores y excluye del derecho a la energía eléctrica a los más humildes, como está ocurriendo en Argentina; o legislan a favor de los banqueros, de los terratenientes, de los monopolios en contra de los trabajadores, de los jóvenes, de los campesinos, de los indígenas y de los comuneros, como sucede en Venezuela.
Al pueblo, tomando como base la concepción de los teólogos de la liberación, lo reconocemos como una fuerza consciente que se mueve en función de sus auténticos intereses de clase y no puede ser representado por las elites que lo explota y excluye.
Hoy nos apostamos el alma a la conciencia popular. Más allá de su justo malestar y de su indignada demanda frente a los gobiernos democráticos populares, por lo que hemos hecho mal o hemos dejado de hacer, el pueblo sabrá superar las dificultades, sin entregar su poder.