Esta semana decidí informar a mis contactos que iba a prescindir del uso de un número de teléfono de la empresa celular estatal “Que nos une”. Una decisión que postergada por mucho tiempo, mientras observaba a mí alrededor a las personas migrando a otras empresas de telefonía celular privadas, que digamos tienen menos deficiencias. Observaba con indignación, pues esperaba que en algún momento el servicio mejorará, pero no ha ocurrido.
Esto que ocurre con la empresa celular estatal, puede ser interpretado como una privatización de facto y que tristemente tiende a generalizarse, pues los servicios administrados por el Estado se están precarizando a un ritmo vertiginoso, lo que hace que los usuarios busquen la provisión en los privado.
En el sector público se constata cada vez más, una gestión mediocre, con escasa o nula inversión, además con más eventos de maltrato a los usuarios. Como ciudadanos podemos entender las dificultades para invertir, dado el escenario geopolítico en el que nos desarrollamos; pero ¿Qué explica la desidia?. Algo pasa adentro de lo público, que compromete la misión de proveer servicios de calidad de manera oportuna.
Los aumentan la oferta de servicios, bien sea porque generan su propio espacio o porque reciben asignaciones desde lo público directamente para administrar ciertas áreas. Citemos tres casos, primero en las ciudades donde el servicio de internet de Cantv es deficiente, cada vez es más frecuente el uso de la oferta privada a precios dolarizados. Segundo, frente a la crisis eléctrica se dispararon la venta de generadores de electricidad a base de gasolina. Y tercero, en Maracaibo en toda la infraestructura de lo que fue los Abastos Bicentenarios, ahora es la base de mercados privados con productos a precios astronómicos.
