Entiendo la inquietud de quienes rechazan la idea de que la oposición dialogue con el gobierno. Pero hay algo que hay que entender: pese a ser mayoría, no es verdad que la oposición tiene en la mano el referéndum, ni las regionales, ni la renuncia, ni el cambio. Tiene la mayoría para luchar por ellos, pero en una batalla riesgosa que no sabes cuanto durará.
En condiciones como esta, la evidencia indica que la negociación es la única manera, estable y equilibrada, de resolver el problema. ¿Por qué negociar derechos constitucionales? Quienes hacen esta pregunta son quienes han denunciado, con razón, que el gobierno no respeta ni constitución ni leyes. ¿No te parece que ahí esta la respuesta? Si no respetan los derechos entonces acordaremos que es una tontería pensar que el Referéndum se convocará porque la oposición cumple los requisitos de ley. Y entonces ¿cómo lograr que respeten tu derecho? Sólo hay dos vías: la guerra o la negociación.
La guerra exige que respondas varias preguntas: ¿con qué armas?, ¿tienes a la población motivada para asumir, más que las marchas, la guerra y los inmensos sacrificios que ella encierra?, ¿Con qué vínculos militares cuentas? Si no tienes respuestas que te satisfagan, entonces pasemos a la segunda opción: la negociación. Tu puedes (y debes) marchar y protestar cívicamente. Es necesario presionar para lograr cualquier solución. Pero el final exitoso es lograr una negociación, pues de lo contrario, sería otra vez la guerra.
Eso me lleva a otra pregunta central. ¿Cómo negociar con un concentrador de poder en quién no se puede confiar? Porque es la otra parte, y es con ella que tendrás que verte la cara, te guste o no. Si el argumento de que no se negocia con abusadores fuera correcto, entonces habría sido un error que la oposición chilena negociara con Pinochet, Violeta Chamorros con Daniel Ortega y Mandela con el Apartheid. ¿Con quién vas a negociar, con tus panas? Y claro que la negociación será dura y te intentarán manipular. Tendrás que ceder para conseguir y pasar por alto algunos derechos.
