Resulta asombroso y hasta cínico que un gobierno que ha voceado con tanta insistencia la inclusión, esté resultando tan cruelmente excluyente. Nos excluyeron a las mayorías de salud y medicinas (yo tuve que conseguir en Colombia las pastillas para mi tensión), y sería bueno preguntarse quiénes son los responsables de los que están muriendo por la falta de medicamentos y adecuada atención médica.
Como decía el viejo catecismo hay pecados de acción y también de omisión, es decir, uno es responsable de los males que causa directamente, pero también lo es de aquellos que, pudiendo evitar, no lo hace. ¿Por qué esa terquedad en impedir la ayuda humanitaria de medicinas que podrían salvar vidas de venezolanos? ¿Acaso no les importan esos muertos? ¿También carecen de medicinas los gobernantes o algunos de sus familiares? ¿No se trataba de construir con el socialismo del siglo XXI una sociedad igualitaria? Nos han excluido a las mayorías de la posibilidad de alimentarnos debidamente y nos ofrecen retóricamente propuestas de solución a los problemas de abastecimiento, que no terminan de cuajar ni resolver nada.
El otro día le escuché al Presidente que los claps iban a repartir bolsas de comida cada quince días. Les confieso que en el edificio donde yo vivo, una zona popular de Sierra Maestra, en el Municipio San Francisco, los claps sólo han pasado una vez, hace ya dos meses, y sólo vendieron una bolsa con dos harinas, dos arroces y dos pastas. Lo verdaderamente lamentable y cruel es que el Presidente haya intentado hacer un chiste con el hambre de la gente.
Eso de que “la dieta de Maduro te pone duro sin necesidad de viagra” no es sólo una enorme vulgaridad, sino que resulta una verdadera burla a los muchos venezolanos que deben mandar a los hijos a la cama con el estómago vacío. Esta mañana, mientras caminaba un rato frente al edificio donde vivo, en menos de media hora, vi acercarse a cuatro personas distintas a revisar el container de la basura.
