¡Arrancamos como lancha cochera! El CNE nos entregó la planilla para solicitar el revocatorio y listo, salimos a firmar esa vaina. Antes Embajada Radonski descargó su arrechera con Tibisay Lucena y le dijo de todo, porque supuestamente no quería darle la planilla, pero el peo es que él no sabía pedir esa vaina, fue tres veces a pedirla hasta que entendió que esa vaina no la pide una persona por muy Embajada Radonski que sea, eso la pide un conglomerado, un grupo de gente que firman y listo. Y al fin entendió el loco ese cómo era la cosa, porque para torpe búsquenlo, y salimos  a firmar.

Hay que recordar que en el revocatorio pasado hicimos la trampa que jode para recoger esas firmas, firmas planas y planillas planas y la lista de Sumate y otro montón de vainas raras. 

Y después que recogimos las firmas, el dictador dio un discurso y habló de la batalla de Santa Inés, y todos nosotros perdidos de bola porque nadie conocía esa batalla, y hasta Enrique —canal ocho— Mendoza buscó el libro de la batalla y dijo que lo había leído y no había entendido un carajo.  Y  después vino el revocatorio y los chavistas nos metieron medio guiriney, como decía el dictador, y Espoleta Allup, con Pompeyo Márquez detrás y otro grupo diciéndonos que “se ha perpetuado un gigantesco fraude y mañana les traigo las pruebas”, y un carajo, todavía no hay nada, porque así somos nosotros, habladores de pendejadas que jode.

El papá de Margot llegó y dijo: “Vengo de ejercer la democracia firmando contra Maduro, gracias a Chávez, que puso esa norma en la constitución”. Margot y yo nos vimos las caras “y este se volvió loco”, y el hombre fue al cuarto y le metió su coñazo a la puerta y tembló la sala de casación penal del apartamento. — Tómate esta botella conmigo, me canta Margot