Después de un largo silencio, de repente, de la nada -nunca mejor dicho-, una reunión: Un borrón y cuenta nueva, un aquí no ha pasado nada, nadie le dijo tumor a nadie, nadie dijo lechuguino, ni petrimetre ni mariposón, nadie saboteó candidaturas de nadie, nadie planificó fallidos golpes de estado, una y otra y ooootra vez.
Como pegados con saliva, como una fe de vida, para que los vean, se reúnen Ramos Allup, Capriles, Rosales y Falcón. Y no vemos nada.
Henri Falcón, el que se auto saboteó el 20 de mayo, el que metió el frenazo a media mañana electoral para luego desconocer el resultado horas antes de que el CNE lo anunciara. Ese que dijo, después de una campaña que no inspiró sino profundos bostezos, que todo era trampa, que el CNE es traposo, que los puntos rojos son trampa; ese, cuyo partido sacó menos votos que los partidos que lo acompañaban, ahora pone su agonizante tarjeta a la orden de los partidos que le sabotearon su candidatura para que participen -con el mismo CNE, en las mismas condiciones malvadas- en las elecciones municipales porque “no cederemos espacios”…
Y su casi tocayo, Henry Ramos, que amenazó a los adecos con expulsión inmediata si inscriben candidaturas a las municipales, “porque en este país no hay condiciones para votar”, dejando con el corazón en un hilo a ese pocotón de adecos que no saben sino pastar en las consejalías, ese mismo Henry, que dejó solo a Henri, ahora mide el ofrecimiento de una tarjeta que nadie quiere, porque uno nunca sabe.
