Los tira y afloja de los que aspiran a ser gobernadores en sus respectivos estados como representantes de la MUD están pasando casi desapercibidos, lo cual es, en cierto modo de ver las cosas, hasta conveniente.
Los venezolanos nos hemos distraído con las peripecias de la pareja Ferrer-Ortega. Y más con las de esta última que con el primero, un ser más bien anodino. Los tira y afloja de los que aspiran a ser gobernadores en sus respectivos estados como representantes de la MUD están pasando casi desapercibidos, lo cual es hasta conveniente. Así poco nos percatamos de cómo quienes han asumido, unos por liderazgo bien ganado en la lucha política, otros a punta de zancadillas y codazos, han logrado colocarse en los tacos de salida de una carrera que terminará en primarias. La opinión no termina de unificarse en torno al dilema de si votar o no.
Quienes nos apegamos al criterio de que al régimen hay que presentarle combate en todos los terrenos posibles, otros opinan no votar, porque el ente arbitral no es confiable, como si eso fuera nuevo, y entregar las gobernaciones a la piara corrupta de quienes arruinaron el país. Así que toda la atención del país está centrada en un supuesto material que la fiscal de la república (así, con minúsculas, por favor) se ha llevado en sus maletas a Colombia, como primera escala de una huida que terminará en el otrora odiado territorio de Trump.
En un mensaje colgado en las redes, supuestamente de la autoría de Luisa Ortega, se presenta una larguísima lista de actos de corrupción que tenía engavetados mientras disfrutaba de los favores del régimen, y que ahora, repudiada por sus antiguos compañeros de aventura socialista, amenaza con dar a conocer a las autoridades que luchan contra el narcotráfico y el lavado de dinero.
