Opinión

OPINIÓN// «Ver con otro cristal», por Oscar Morales

A veces uno puede creer que las leyes de Murphy son las mejores razones para explicar ciertos sucesos cotidianos de la vida nacional. Por ejemplo, apenas recibes la negación de una solicitud de un documento en  algún organismo público por cualquier circunstancia, no es difícil convencerse en el acierto de frases como “si algo puede salir mal, saldrá mal”,  o cuando no puedes imaginar que un bien o servicio pueda subir más de precio y ves que sí fue posible en menos de un mes, te podrías recordar para desinflar tu tensión la ley que dice: “sonríe, mañana puede ser peor”.

Cuando las cosas están caóticas es fácil ver  todas las culpas, errores y equivocaciones, pero cuando todo marcha de maravilla nadie es capaz de criticar, reprochar algo o ni siquiera opinar. Por esto, puede comprenderse como se inunda la opinión pública de frases de moda, juicios livianos, reprobaciones violentas y sentencias no saludables sobre la administración del Estado. En este momento, muchos pudieran pensar que nuestro país se ha convertido en un teatro de la crítica fácil, un reino del pesimismo y el mejor espectáculo a la desilusión.

Ciertamente, el escenario nacional está lleno de ambigüedades, incertidumbres y vacilaciones, que por estos días pocos se atreverían a negar. Al constatar los hechos complejos actuales es simple aupar la crítica, sin embargo, creo que no nos conduce a los acuerdos propositivos que el país reclama. La solución no son las recriminaciones que están en boga (a pesar que es legítimo el reclamo, la protesta y las quejas), porque en ese ambiente nadie gana, la respuesta al desconcierto no está en la ligereza de criterios. Por el contrario, debemos apropiarnos de una conducta contribuyente, se debe insistir en sugerir planes de desarrollo regionales y nacionales promotores de bienestar, se debe creer en esos proyectos de emprendimientos que están en todos los rincones del país negándose a morir, se debe escuchar con atención las recomendaciones de think tanks que elaboran investigaciones académicas de elevado carácter profesional sin desaprobarlas por provenir de determinados sectores que no comulgan ideológicamente con nuestro grupo político —pues no es muy fácil digerir que algún venezolano apueste al fracaso y al hundimiento del país—, debemos intentar ver la crisis como oportunidad de activar el ingenio y la creatividad nacional y la mejor alternativa para apuntar al progreso. Evidentemente, no es simple, pero la otra opción es permitir que nos gane la desesperanza y nos abrume el desaliento, y en ese estado emocional colectivo no existe ningún resucitador milagroso que nos salve.

Lógicamente, tenemos que cooperar para generar un clima armonioso que posibilite transformar esa percepción nacional de caos o esa sensación de ruina que se comenta diariamente, disminuir la terquedad en la ideologización que solo provoca más polarización y paraliza iniciativas, evitar críticas a personas en lugar de escuchar sus propuestas concretas, abandonar esa práctica de desvalorizar los razonamientos de grupos de expertos por recelos infundados y defender apasionadamente la confianza en nuestro potencial como nación.

Por suerte, los países no dejan de marchar ni en sus peores momentos, Venezuela no es la excepción y no se va a detener con esta crisis. El genio Einstein dijo una vez: “La crisis, es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos (…) es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado”. Las crisis debemos verla como necesidad de cambios. Debemos ver las adversidades con otro cristal.

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