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OPINIÓN// «La guarimba que no cesa», por Ylich Carvajal Centeno

La señora Eveling de Rosales y su partido, Un Nuevo Tiempo (UNT), no cesan de insultarnos. Días antes de autorizar un aumento de 10 bolívares en las líneas del transporte público de Maracaibo y a semanas de una nueva campaña electoral, han informado que hay más de 43 semáforos de la ciudad que no funcionan, que las paradas de microbuses y autobuses han sido destruidas, que hay basura regada por todos los rincones de nuestra capital, que hay fallas en el servicio de gas doméstico y que la culpa de este desastre son unos vándalos que no quieren a Maracaibo.

¡¿Chico y quiénes serán esos vándalos?! Según la presidenta del Imtcuma, Jamelis Ríos, han causado pérdidas patrimoniales por más de 40 millones de bolívares. En materia de servicios públicos, Maracaibo ha retrogradado a los tiempos del tranvía con burros, pero sin tranvía. Los burros —¡que animales tan nobles!— ahora se dedican a medio paliar la incesante acumulación de desperdicios. 

La señora de Rosales tiene lista una campaña publicitaria preciosa para enseñarnos a querer a Maracaibo —supongo que la campaña está soportada en su ejemplo de buena ciudadana— y la misma debe salir pronto en todos los medios de comunicación, al mismo tiempo que avanza la campaña electoral con la que los cinco diputados que elige la ciudad y que, por ahora, son todos del partido que gobierna Maracaibo, UNT, salgan a pedir el voto en nombre de la zulianidad y guindándose del manto inmaculado de La Chinita, sin lavarse las manos.

Entre tanto, el país no se recupera del asesinato de la ciudadana Liana Hergueta, en Caracas. No solo porque su cadáver fue desmembrado y ella torturada y ultrajada antes de ser asfixiada, sino por el hecho de que sus asesinos fueron sus compañeros de lucha durante las guarimbas.

Hergueta creyó “estar del lado correcto de la historia”, pero de acuerdo a lo informado por el ministro de Interior, Justicia y Paz, Gustavo González López, tras su crimen hay desde manejo de dólares en el mercado negro, estafa, vinculaciones con dirigentes políticos de los partidos Voluntad Popular, Primero Justicia y Alianza Bravo Pueblo, hasta entrenamiento paramilitar en una escuela para asesinos que opera en la frontera con Colombia.

Eso de matar con los protocolos, la precisión y, sobre todo, con una absoluta ausencia de escrúpulos que no deja ni remordimientos —con la misma estoica rutina con la que un paisano despelleja un chivo o el carnicero beneficia a una res— por desgracia para la humanidad se enseña en escuelas del crimen desde hace ya demasiados años. Uno de los asesinos de Hergueta tiene 22 años.

La dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se ha mantenido indiferente ante el crimen contra Hergueta, casi con la misma indiferencia con la que vieron degollar motorizados con alambres, matar apuñalada o a balazo a cualquier ciudadano que intentara pasar por una barricada y la acción de francotiradores dedicados a asesinar venezolanos integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana que trataban de contener las guarimbas.

Eso también se aprende, por desgracia. Fíjese lo que le hicieron a María Machado, es de una maldad tan perversamente calculada que uno solo la concibe en uno de estos personajes caricaturizados que llaman “la mala de la novela”. La MUD no solo “inhabilitó la voz” de Machado, como ella misma declarara arrebatada por el despecho, sino que al ponerle como sustituto a Freddy Guevara, la mano derecha en libertad de su inseparable aliado Leopoldo López, provocó una inevitable ruptura entre los ideólogos y ejecutores de La Salida y Operación Libertad.

Amordazada y aislada por la MUD quedó María Machado. Pero pierda cuidado, en su corazón y en su mente debe estar ideando la venganza que, por ahora, no podrá ejecutar por la antesala de las elecciones parlamentarias, al fin y al cabo ella odia más a los chavistas.

El respeto suele ser el zaguán que nos lleva al afecto. Es difícil que usted irrespete a quien ama y si lo hace enmienda rápida y francamente. Si usted respeta y en consecuencia es respetado, termina creándose un puente, un reconocimiento, es decir, usted comienza a descubrir en el otro, aunque sea su adversario, aspectos que le son propios. Así se evitan las riñas, los homicidios y las guerras.

En Venezuela urge recuperar sostenidamente el respeto. Ya no se colocan guayas en las esquinas, ni se talan árboles para usarlos como barricadas junto a las bolsas de basura, ni se destruye el patrimonio de las ciudades, pero la guarimba no cesa.

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