Podría pensarse que ha operado cierto mimetismo que llevó a dirigentes de oposición a actuar conforme a procedimientos propios de dirigentes del Psuv, a quienes denominan jefes del régimen. O sostener que ese autoritarismo era la conducta de los cogollos partidistas antes de la llegada de Chávez al poder y que influyó en ese cambio político.
Mucho criticaron los partidos que ahora conviven en la llamada Mesa de la Unidad la pretensión chavista militarista de instaurar un partido único. Esgrimieron en contra de ese absurdo la defensa de la libertad de expresión, la necesidad de convivir en la diversidad y el obligado respeto a los criterios de cada quien en aras de una sociedad abierta y tolerante.
Hasta del seno del autodenominado Polo Patriótico se rebelaron quienes no están dispuestos a dejarse montar la pata por una cuerdita que al final les ordenaría qué decir, cómo pensar y de qué manera conducirse en temas económicos y políticos.
Tanta gritería en contra del totalitarismo y de la dictadura ha dejado afónicos a unos cuantos fanáticos de la Mesa, hasta el punto de hablar ahora con voz gobiernera. Sostienen que la oposición debe tener una sola manera de pensar, que quien ose expresar sus pareceres es un atrevido individualista que solo tiene intereses personales y que debe ser despreciado por el colectivo.