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OPINIÓN// «Andrés Eloy Blanco: insigne venezolano», por Beatriz Pérez Soto de Socorro

Cumanés ilustre y querido por su pueblo, nacido un 6 de agosto, hace 119 años, quien expresó cuánto de noble había en su corazón, y cuán sencillo era dedicar amor “al delincuente que renuncia a Dios,  y al mendigo que no se deja ver del viejo amigo”, enalteciendo y consolando “al niño pobre que renuncia al juguete caro”, dignificando los desvaríos de ”La loca Luz Caraballo, quien evocaba a sus hijos y a sus carneros, contaditos los luceros…”; el reproche al “pintor de Santos de alcoba”, en el sentido por la justicia social y racial; y las expresiones poéticas con las que permite en “Las uvas del tiempo”, valorar a la madre, al hogar, a la patria, que fue, que es y que sigue siendo la esencia del venezolano.

Su vida transcurrió impregnada de un afán especial por la poesía y la libertad, heredado de su maestro José Martí. Del verbo cálido y sublime, que dedicaría a los hombres y pueblos que reclamaban patrias libres y soberanas. Ese hombre que brindó admiración y canto al genio de Bolívar, y  a quienes con dignidad y coraje dieron a nuestra patria, glorias y pasiones.   Su “canto a la espiga y al arado” lo acreditan al primer galardón literario. Ocupa un sitial preponderante en el mundo literario con su “Canto a España”, certamen internacional de poesía promovido por el rey Alfonso XIII y la Real Academia Española. 

La política penetró su vida. Su participación transcurría en momentos en los cuales Venezuela atravesaba por serias injusticias y calamidades, producto de la dictadura gomecista. Comprometido con la patria, participó con estudiantes y jóvenes militares en una rebelión, donde el Himno Nacional es el canto que anima su lucha. En esos días de presidio escribió “Barco de piedra”, “La loca Luz Caraballo”, “Píntame angelitos negros”. 

En 1945 está al frente de los destinos del país el partido donde milita Andrés Eloy Blanco: Acción Democrática. En ese entonces lo eligen presidente de la Asamblea Constituyente. Sucede la caída de Rómulo Gallegos. Andrés Eloy Blanco era ministro de Relaciones Exteriores. Se produce su destierro. Viaja a México con su esposa e hijos. Allí escribe “Giraluna”; “A un año de tu luz”; y “Canto a los hijos”, y en esas tierras mexicanas se apagó su voz, esa voz de aliento, que siempre dio serenidad y fraternidad a quienes tuvieron el orgullo y el honor de estar cercanos a él, de estrechar su mano cariñosa y calurosa, de oír los latidos de su corazón abierto a quienes de él necesitaran.

El pueblo venezolano repite incesantemente los versos de su poeta Andrés Eloy Blanco, y como expresara Miguel Otero Silva, hombre de finas palabras y gran talento: “Los únicos  versos que el pueblo venezolano se sabe de memoria son los de Andrés Eloy Blanco, y los repite en aquellos trances cruciales en que el ser humano necesita hablar en verso: Cuando se enamora, cuando llora a sus muertos y cuando se enfrenta a sus enemigos”.

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