El papa Pío XI escribió que la política es la forma suprema de la caridad, y el Concilio Vaticano II llamó a la política “ese arte tan difícil y tan noble”. Es un arte difícil porque supone superar esa práctica habitual que ha degradado la política a mera politiquería, a retórica, negocio o espectáculo. La política auténtica entiende y asume el poder como un medio esencial para servir, para buscar, más allá de las aspiraciones individualistas o de grupo, el bien de toda la sociedad. Por ello, y siguiendo al Concilio Vaticano II, la política es también un arte noble porque el servicio que está llamado a prestar es la búsqueda del bien común, que hace posible la paz y la concordia.
En consecuencia, la política nos concierne a todos. Nadie, mucho menos un católico o cristiano en general, puede vivir sin preocuparse y ocuparse por la suerte de los demás, en especial de los más necesitados. La política, en consecuencia, es el ejercicio de un amor eficaz a los demás. Lleva en su propia entraña la dimensión ética, ya que nos exige considerar como propias las necesidades de los otros, e implicarnos en su solución.
Si la política olvida su raíz ética se convierte en mera politiquería, camino a la ambición, a la corrupción, a la utilización de lo público en beneficio propio o de los suyos. La politiquería no solo degrada a los falsos políticos, sino que provoca un enorme daño a la sociedad pues imposibilita el bienestar general.
Se acerca el día en que elegiremos a nuestros representantes a la Asamblea Nacional. Es un día transcendental para el futuro de la patria, es decir, para nuestro futuro y el de nuestros hijos y nuestros nietos. El voto es un medio privilegiado de ejercer nuestra ciudadanía y resolver de un modo pacífico nuestras diferencias. Somos nosotros, los ciudadanos, los dueños del poder y, mediante el ejercicio del voto, seleccionamos a los que creemos van a representarnos y servirnos mejor. Los elegidos no deben olvidar que nos representan a todos y no pueden prostituir la política y prostituirse ellos como políticos beneficiando sólo a sus seguidores.