Oscar Morales / Articulista   

En un trabajo de investigación titulado “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina” del Banco Mundial, se sostiene que en el último decenio América Latina vivió un aumento en la incorporación de personas en el estrato socioeconómico denominado clase media.

En la actualidad, el núcleo porcentual perteneciente  a la clase pobre y media están equiparados.  En cambio, en la década del 90 los pobres casi triplicaban el porcentaje de la clase media. ¿Qué significa ser clase media? Básicamente, consiste en pertenecer a un sector social que disfruta de una seguridad económica,  goza de mayor acceso a bienes y servicios, posee niveles educativos por encima del promedio, está integrado en el mercado laboral formal y tiene bajas posibilidades de caer en la pobreza por mantener una estabilidad económica representado por un nivel determinado de ingresos. El proceso de transformación social fue generalizado en la región, la movilidad económica ascendente predominó -con su consecuente disminución de la desigualdad-, sin embargo, algunos países retrocedieron y consiguieron resultados inversos (tres de quince naciones utilizadas en la muestra), tal fue el caso de nuestro país. Venezuela obtuvo resultados de movilidad descendente. En concreto, más del 20% de la población que pertenecía a la clase media descendió a la pobreza. Además, el 18% de otro grupo social llamado “vulnerable” (que no está clasificado ni como pobre ni como clase media) también decayó a la situación de pobreza. Y por si fuera poco, al calcular la probabilidad de caer en la pobreza Venezuela ostenta un 30% de posibilidades (uno de los más elevados).  Se concluye que el crecimiento económico contribuye más a la movilidad económica y social que políticas redistributivas –generalmente no focalizadas- como pensiones, seguro al desempleo y otras protecciones sociales, porque la mayor parte de nuestros sistemas de protección social son regresivos, dado que  el conjunto de los que reciben dichos aportes pertenecen al sector formal, y esto disminuiría la posibilidad de que las transferencias la perciban los pobres o los vulnerables debido a que este sector se inclina a trabajar en la informalidad. Por tanto, la sugerencia es realizar transferencias condicionadas e intervenciones bien definidas (como los gastos en educación) para incentivar la movilidad ascendente.   Al igual que en la vida, la generación de riqueza nacional también es un maratón y no una carrera de 100 metros, por lo tanto, ¿de qué sirve promocionar políticas redistributivas insostenibles omitiendo –irresponsablemente- cómo financiar estas transferencias sociales? Pues, de nada. La hipotética movilidad que podría lograrse sería transitada con pies de barro.