Opinión

Megadesafío, por Maryclen Stelling

 La imposibilidad de erradicar el antagonismo y de alcanzar acuerdos en Dominicana, condujo, por una parte al “receso indefinido”  del proceso de diálogo y, por la otra,  definió, la ruta, condiciones y características de la confrontación Gobierno-oposición y, por ende, las  acciones políticas subsiguientes.

A raíz de esa reunión se producen una serie de acontecimientos que llenan y saturan la escena política en torno a dos lógicas incompatibles y aparentemente  irreconciliables. En el terreno  político-electoral, a dos semanas de la  aprobación de la ANC de adelantar las presidenciales, el Poder Electoral anuncia la fecha de los comicios. En  una suerte de emboscada,  el Gobierno toma desprevenida a la oposición que, curiosamente había presentado un documento en el que planteaba elecciones libres y justas a corto plazo. 

Mientras  una sorprendida oposición evalúa la opción de participar, el Gobierno afina  la logística electoral, define un nuevo marco simbólico que sustenta y legitima  los comicios y las acciones políticas subsiguientes.  

Las diferencias  al interior de la oposición se tornan en fracturas abiertas en     cuanto a la decisión de participar o no, elegir un líder o candidato… formar un frente único para oponerse a los comicios de abril.  Sometida a presiones externas y enfrentando su peor crisis, la oposición no logra acordar una estrategia, aun cuando anuncia tener listo un programa de reconstrucción y, finalmente, informa la decisión de la MUD de  no participar ni avalar  el “simulacro fraudulento e ilegítimo”

El gobierno hace gala de una consensuada estrategia bélica-electoral y, nuevamente, sorprende al adversario con una propuesta de megaelecciones, cuya decisión queda en manos de la ANC.  En dos meses el reto será afrontar y  participar  en elecciones presidenciales, parlamentarias, consejos legislativos y municipales.  

En tanto acción política,  producto de  un cálculo maquiavélico, ¿Qué persigue tal megadesafío?  En el corto y mediano plazo, la derrota absoluta y remate del adversario en estado crítico;  la justificación necesaria para posponer las elecciones e intentar articular las dos lógicas.    Desde una perspectiva largoplacista, la posibilidad de abrir una nueva ruta de negociación y de alianzas pragmáticas para afrontar la crisis interna y, además,  amainar la presión internacional. El tiempo lo dirá.

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