La imposibilidad de erradicar el antagonismo y de alcanzar acuerdos en Dominicana, condujo, por una parte al “receso indefinido” del proceso de diálogo y, por la otra, definió, la ruta, condiciones y características de la confrontación Gobierno-oposición y, por ende, las acciones políticas subsiguientes.
A raíz de esa reunión se producen una serie de acontecimientos que llenan y saturan la escena política en torno a dos lógicas incompatibles y aparentemente irreconciliables. En el terreno político-electoral, a dos semanas de la aprobación de la ANC de adelantar las presidenciales, el Poder Electoral anuncia la fecha de los comicios. En una suerte de emboscada, el Gobierno toma desprevenida a la oposición que, curiosamente había presentado un documento en el que planteaba elecciones libres y justas a corto plazo.
Mientras una sorprendida oposición evalúa la opción de participar, el Gobierno afina la logística electoral, define un nuevo marco simbólico que sustenta y legitima los comicios y las acciones políticas subsiguientes.
Las diferencias al interior de la oposición se tornan en fracturas abiertas en cuanto a la decisión de participar o no, elegir un líder o candidato… formar un frente único para oponerse a los comicios de abril. Sometida a presiones externas y enfrentando su peor crisis, la oposición no logra acordar una estrategia, aun cuando anuncia tener listo un programa de reconstrucción y, finalmente, informa la decisión de la MUD de no participar ni avalar el “simulacro fraudulento e ilegítimo”