Opinión

Maduro: victimario de abandono, por Juan Pablo Guanipa

Cómo lamento tener que seguir escribiendo sobre uno de los más mediocres presidentes que ha tenido Venezuela en toda su historia republicana. Pero no tengo opción si parto de la convicción de que la crisis de nuestro país tiene en ese señor al responsable directo de su continuación y su profundización, porque no podemos dejar sin responsabilidad a quien lo precedió hasta la hora de su muerte. Para nuestro futuro como sociedad es imprescindible que aprendamos de estos hechos históricos y que al momento de elegir por el voto popular a cualquier mandatario en cualquier espacio territorial, tengamos la previsión de informarnos adecuadamente acerca de su historia, su  formación, sus realizaciones, su visión ideológica, su programa de gobierno. 

Venezuela vive en estado de deplorable abandono. El presidente abandonó a los niños que están muriendo de hambre por desnutrición. Abandonó a los enfermos crónicos que, pudiendo tener larga vida con un tratamiento médico, mueren porque no tienen medicinas. Abandonó a los adultos mayores que también pasan penurias y mueren por falta de alimentación. Abandonó a más de 23 millones de venezolanos que comen una o dos veces al día.  Maduro abandonó a la población que está en manos del hampa y que es testigo de la muerte de familiares por un teléfono o por un par de gomas deportivas. Abandonó a la familia venezolana que ha visto mermar su calidad de vida y su poder adquisitivo, con una espiral inflacionaria agresiva que convierte a los sueldos en sal y agua. Abandonó a los venezolanos que trabajan la tierra: campesinos, agricultores, ganaderos, que podían garantizar nuestra soberanía alimentaria y que hoy ven cómo se abandona el campo, se destruye nuestro aparato productivo y se privilegian las importaciones. Abandonó a millones de trabajadores venezolanos que o no tienen trabajo o el salario no les alcanza para nada.

Este presidente abandonó a los consumidores venezolanos que nos vemos obligados a comprar productos provenientes de Colombia a precios que multiplican el regulado por el gobierno. Abandonó a los enfermos venezolanos que llegan a los hospitales y no consiguen cupo, exámenes, tratamiento, medicinas. Abandonó a los niños que van a la escuela y son victimas del hampa y del hambre porque no hay seguridad y los planes alimentarios escolares están por el suelo. Abandonó a los habitantes de nuestras ciudades y nuestros pueblos que cada día sufren más con las fallas de electricidad, de agua, de sistema de aguas servidas, de recolección de desechos y, en general, de todos los servicios públicos. Abandonó a los venezolanos que somos víctimas de un proceso de corrupción promovido, por acción u omisión, por el mismo personaje que detenta el poder sin importarle nada. Que el desangre al erario público se calcule en casi cuatrocientos mil millones de dólares, es un asunto muy grave que refleja el mismo abandono del que hablamos. 

Los venezolanos de hoy no somos ciudadanos, no somos sujetos de derechos y deberes, somos objeto de un maltrato permanente proveniente de incompetentes y corruptos que sólo tienen interés en mantenerse en el poder sin medir el profundo daño que están haciendo. Esta situación es insostenible y justifica la acción contundente que lleve adelante el pueblo venezolano para, por la vía constitucional y democrática, dar por terminado el mandato de Nicolás Maduro.  El presidente no es apto para sacar a Venezuela de la crisis que su antecesor y él mismo generaron.

El país sigue en un proceso de deterioro que no tiene posibilidades de ser revertido mientras no logremos un cambio en la presidencia de la república y en el modelo que ha regido este desastre. Por eso debemos seguir la lucha: el juicio político que declare la responsabilidad política de Maduro, la declaratoria de abandonó del cargo y cualquier otra opción enmarcada en la constitución, que permita acabar con esta pesadilla y darnos a los venezolanos la oportunidad de reconstruir nuestro presente y futuro.   

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