Tres victorias electorales en línea han generado en el país un clima político bifronte. El triunfalismo que destila y disfruta el sector oficial, se contrapone al derrotismo que impera en la oposición fracturada, desarticulada, desdibujada, desmoralizada…
En tal contexto emerge la candidatura presidencial de Nicolás Maduro, que, como es usual, goza de dos versiones. Para los sondeos de oposición tiene una “aceptación minoritaria”; mientras que para los expertos del sector oficial, es un hecho “la reelección de Nicolás Maduro como presidente de la República.” Predestinada según voceros oficiales a ser “una gran victoria” amparada y garantizada por tres procesos electorales previos.
Desde ese escenario, el oficialismo hace gala de una impecable democracia avalada, por innumerables procesos electorales, y ello encubre y entraña una serie de peligros.
Dado que las elecciones parecen no resolver los conflictos políticos que perduran en situación latente, el diálogo cobra importancia…La reunión en dominicana se efectuará, entonces, bajo los efectos post-electorales y las expectativas de que se logre un acuerdo decisivo. Mientras que para oposición y Gobierno impera la necesidad de debatir y confrontar los desacuerdos políticos internos; para la ciudadanía, indefensa y a “la buena de Dios”, tiene preminencia la grave crisis económica.