Oscar Morales / Articulista

Los países con mayores libertades tienden a generar mayor riqueza nacional y mayor bienestar tanto individual como familiar. Año tras año distintas instituciones no gubernamentales dedicadas a los cálculos de índice de libertades en derechos económicos, políticos o sociales  convergen en un sólo resultado: Los países con mayores libertades tienden a generar mayor riqueza nacional y mayor bienestar tanto individual como familiar. Al hacer cualquier revisión de publicaciones que evalúan el estado de democracia de los países, las libertades civiles y la situación económica, concluiremos con facilidad de que los países más libres son los que ostentan mejores expectativas de vida al nacer, mayores niveles educativos,  mayor acceso a bienes y servicios, niveles bajos de pobreza, buena nutrición, calidad en los cuidados médicos,  adquisición de una vivienda con más facilidad, mayor seguridad personal, entre otros. Es revelador como un país que resguarda los derechos, las libertades, el respeto a las elecciones individuales, la tolerancia, el pluralismo y la inclusión social obtiene un mejor desempeño en todos los ámbitos. Así lo evidencian países como Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Dinamarca, Noruega o Finlandia.  Conociendo esto, entonces pregunto: ¿Será mejor el clientelismo político que mayores libertades económicas para alcanzar prosperidad duradera? ¿Países concentrados en mejorar sus niveles de competitividad serán peores o mejores que aquellos que prefieren el aislamiento internacional? ¿Alcanzará mayores niveles de progreso social los que generan más oportunidades o los que limitan la apertura de ideas innovadoras? No hablo de la aplicación del liberalismo a ultranza (con la desregulación endiosada o las iniciativas privadas sin reglas)  porque el Estado necesariamente debe regular el comportamiento empresarial, laboral y las fallas del mercado. No hablo del dios “mercado”, no hablo del mirar la desigualdad social con indiferencia ni del “sálvese quien pueda”, no y mil veces no. Sencillamente, hablo de la evidencia razonada, pues, la experiencia internacional nos revela que el respeto a los derechos de propiedad, la transparencia de las instituciones, el empoderamiento de las personas de su libertad individual, la eficacia reguladora del Estado y la apertura a las inversiones son claves para que un país experimente un mejor entorno arropado de prosperidad y bienestar, y nosotros, pese a ello, insistimos en caminar en sentido contrario.  Llegaron con el cuento que primero la igualdad y después la libertad, o que es mejor la equidad y luego nos dedicamos al crecimiento. ¿Qué logramos? Nada de uno nada de otro.  Queridos lectores, la libertad es condición necesaria para un crecimiento sostenible, y el logro del desarrollo social humano y social. El resto son consignas para el circo. La promoción de las libertades está más cerca del camino hacia el desarrollo económico y el progreso social que reprimir, controlar o prohibir. Hay suma evidencia.