La forma en que se narra esta historia da la razón a las partes. La clave es la narración. Los profetas del desastre, los alarmistas o los pronosticadores del caos ya tienen sus predicciones materializadas. Algunos analistas dan pronóstico de que lo viene puede ser catastrófico. Pues, les respondo: Ya esto lo es. El Armagedón aparentemente empezó por nuestro país.
Se ha perdido la fe en las soluciones políticas de la crisis. La anarquía de todos los actores es el recreo nacional y nos vamos acostumbramos a la violencia como condición congénita. El único rasgo común que nos agrupa es la incertidumbre. Y mientras tanto, por si fuera poco, la ex canciller Delcy Rodríguez suma resignación sentenciando que seguirían en el poder “aunque nos muramos de hambre” (sin desear que sea ella o un cercano quien perezca).
En este debate de la “hora cero”, la semana “definitiva” o el punto final de esta historia, es urgente –además de la gobernabilidad- acentuar y resaltar las palabras que expliquen cómo rescatar a esas personas que han sido sumergidas en un proceso de empobrecimiento masivo. Y de igual manera, como trabajo apremiante es necesario que comprendamos y ejercitemos con disciplina eso que llaman visión de país. Pues, si hay un aspecto que no debe repetirse de este experimento político de décadas es la miopía colectiva de los responsables de las tareas de Estado.
Ya no podemos gestionar para los eslóganes mediáticos vacíos, ni para los promedios engañosos de los indicadores sociales. Debemos detallar que detrás de la definición de pobreza están largos años de pésimos servicios sociales que impiden acercarle oportunidades y suma de capacidades para que venzan la pobreza.