Opinión

Lea en opinión: Vencedores y vencidos

Leopoldo Puchi / Exsecretario general del MAS /[email protected]

No hay una supremacía en la correlación de fuerzas ni en los distintos factores de dominio que la  configuran; las ideas y concepciones de uno u otro sector no han sido asumidas por el conjunto de la sociedad, ni se les considera como parte del sentido común.  

En consecuencia, ni Gobierno ni oposición están en condiciones de materializar plenamente su modelo o “programa máximo”. Tampoco se avizora que esta situación se salde a corto o mediano plazo, a menos que un enfrentamiento violento genere un resultado neto de vencedores y vencidos. De ganar la oposición un referendo revocatorio y luego la elección presidencial, no se alteraría el cuadro señalado. La cristalización de una hegemonía, sobre todo por medios pacíficos, corresponde a procesos históricos largos.

Dadas estas circunstancias, es necesario pensar en la creación de un mecanismo que permita el funcionamiento de la sociedad venezolana, de sus instituciones, economía y vida cotidiana, aun cuando no se haya resuelto el problema de la hegemonía. Este esquema, al que se pude denominar de cohabitación, expresaría el reconocimiento de esa realidad y requeriría de la construcción de coordenadas para que la confrontación, inevitable, se dé dentro de unos límites que permitan la convivencia. Es una visión distinta a la de un pacto de élites o a imaginarios consensos.

Un factor que facilitaría esta cohabitación es que un conjunto de valores son asumidos de forma mayoritaria por los electores de las dos fuerzas en pugna: la necesidad de la distribución de la riqueza, democratización de la propiedad, regulación de la economía, protagonismo popular, sistema de libertades y democracia. Esta sería la base de un compromiso y tendría que quedar establecido que ninguna de las fuerzas en pugna podrá actuar fuera de los mismos. Y a  pesar de que hay grupos muy influyentes que son contrarios a esos valores, es posible evitar que prevalezcan.

En un esquema de cohabitación puede haber alternancia en el gobierno. Sin embargo, debe haber garantías plenas de que no se utilizarán las palancas del Estado, en particular las de violencia, para imponer la hegemonía. Este es un aspecto clave de un acuerdo de cohabitación. Si no se concreta, se mantendrá viva la tentación golpista en la oposición. Y, por su parte, el Gobierno difícilmente cedería el poder. En consecuencia, de no crearse un esquema de cohabitación con sus correspondientes compromisos, pudiera  tener lugar un punto de inflexión en la definición de la hegemonía, pero resultaría de un acto de fuerza.

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