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Lea en Opinión: Ni enmienda ni revocatorio

Johel Salas. PRESIDENTE Puente (ZULIA). [email protected]

Aunque son constitucionales y refrendadas por todos los venezolanos en consulta popular las salidas a la crisis que hoy se discuten en el seno de la mesa de unidad democrática son inviables e inconvenientes por dos razones. Una por la capacidad del gobierno y sus poderes subordinados para enmarañar e inutilizar las medidas, y otra por su imposibilidad  para generar gobernabilidad, en el caso que tanto la enmienda o el revocatorio culminaran con éxito. 

En el primero de los casos, las dilaciones en la implementación de cualquiera de las medidas planteadas para el cese del actual periodo presidencial jugarían  a favor del gobierno, en su intento de ganar tiempo para su reacomodo y manejo de la crisis. Contrariamente el tiempo se convierte en un disparo en la sien para el factor opositor al no poder satisfacer con la prontitud esperada las expectativas de cambio de la gran mayoría de los venezolanos, dejando como saldo la frustración, la desesperanza y la pérdida de confianza en el liderazgo de la alternativa democrática.  

En el caso que el gobierno repentinamente se tome su jarabe de democracia y deje fluir a conveniencia alguna de las medidas que lo saque del poder, el país entraría a una mayor confrontación con un chavismo en la calle cumpliendo un enérgico rol opositor y concentrado en que las cosas no funcionen, para que emulando a los adecos decir que “con los chavistas se vive mejor”. Es decir, estaríamos en un nuevo gobierno con los mismos problemas de conflictividad e ingobernabilidad. Para los que crean que las bases de apoyo del oficialismo se hizo polvo cósmico andan en una de fantasía,  porque lo cierto es que sigue siendo la minoría más grande entre los partidos políticos venezolanos, muy por encima de los del sector opositor si lo comparamos individualmente, y muy parejo si lo sumamos como bloque MUD.  Así que una medida al estilo quítate tu pa’ ponerme yo es una invitación al conflicto y al desgobierno. En ambos casos gana transitoriamente el régimen y sigue perdiendo el país. 

En relación a la preferencia partidista aquí lo que crece día a día son los independientes que ya son mayoría y a quienes los discurso radicales de ambos lados al estilo me quedo como sea y vete ya,  no los convoca. A este sector no alineado le interesa es que se resuelva la situación económica que afecta su calidad de vida. Para ellos no importa si el gato es rojo o azul sino que cace ratones. 

Estamos frente a una confrontación entre dos fuerzas más o menos parejas que no logran imponerse una a la otra, dejando como saldo un retraso  en la adopción de medidas necesarias para detener y hacer retroceder el veloz empobrecimiento de los venezolanos

La salida al conflicto, al desgobierno y a la pobreza galopante está en un acuerdo unitario que forme transitoriamente un gobierno multicolor, conformado por los principales factores políticos, académicos, empresariales, artísticos,   y por los expertos en las distintas áreas de interés nacional que los tenemos y que claramente hoy no están en el gobierno. 

La salida es una transición pactada entre el sector oficialista y la oposición que pasa por la renuncia del presidente y el desmontaje paulatino del régimen para sentar las bases de la recuperación económica  y democrática del país. 

Una  transición pactada para la reconciliación política que nos dé el sosiego necesario para entendernos y acordarnos en un programa mínimo de gobierno que enfrente con prontitud y eficacia la crisis que día a día se profundiza lanzando venezolanos por montones al foso de la miseria. 

Creo que debemos transitar por este camino y construir la fuerza social necesaria para presionar el pacto. Aliados para una salida transitoria pactada los tenemos  en  sectores del gobierno, del oficialismo en general, en la fuerza militar, pero especialmente en la mayoría de los venezolanos (chavistas, opositores e independientes), que aspiran el cese de la confrontación política empobrecedora y el establecimiento de un gobierno mancomunado que ponga como centro a los venezolanos y no a los intereses de los grupos políticos y de poder.

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