Hoy día, cuando se aborda el tema de la disputa política, se denuncia y analiza la relación entre verdad, mentira y el poder, ya sea con fines de mantenimiento o de adquirirlo.
El gran reto es desnudar y develar la relación entre verdad y política o, por el contrario, el nexo entre mentira y política. En ese sentido, el desafío para políticos, comunicadores y analistas es desentrañar, navegar y/o sobrevivir entre la “verdad factual” o verdad de hecho y la “verdad de razón” o verdad de discurso, relatos y narrativas. En el meollo de la discusión está la supuesta intención de propagar ficciones ofrecidas como verdades. En ese sentido, lo que “define a la verdad de hecho es que su opuesto no es el error ni la ilusión ni la opinión (…) sino la falsedad deliberada o la mentira”.
Ante tal fenómeno emergen una gran variedad de conceptos que pretenden dar cuenta de la compleja realidad político-comunicacional. Noticias falsas (fake news), posverdad y hechos alternativos; sociedad posfactual, pospolítica y regímenes de posverdad; “era posmoral” caracterizada por engaños, mentiras emotivas y operaciones, donde ya no se trata de la verdad sino del hacer creer…
Ante el imperio y poder de las redes, ante el dominio indiscutible de la verdad discursiva masificada y viralizada, se decreta la derrota del interés por la veracidad de la noticia (verdad factual) y por la centralidad de la fuente. Ello en concomitancia con la disminución de las capacidades críticas de lectura para discriminar entre verdad, falso y mentira.
