Las universidades autónomas, experimentales o privadas deben atender su misión de ser intensivas en el manejo del conocimiento. Las tres son iguales en sus funciones, por cuya razón, aún con sus particularidades, forman parte de un mismo engranaje. En las tres están nuestros mismos jóvenes que necesitan, aspiran y esperan una buena formación.
Las universidades privadas, como empresas educativas, no disponen de los recursos que el Estado le asigna a las otras dos; motivo por el cual, deberán generárselos para garantizar su funcionamiento, con el desarrollo de ventajas comparativas y competitivas que le confieran diferenciación, crecer en prestigio y ser atractivas a sus usuarios.
Ello le demandará importantes inversiones económicas a sus dueños, ser muy proactivas en su relación con el entorno, ofrecer dinámicos, innovadores y eficientes procesos de funcionamiento interno, opciones académicas variadas y de calidad en pre y postgrado e implementación de servicios útiles, en Investigación y Extensión, para generar ingresos distintos a los provenientes de las matrículas educativas, como forma de cubrir sus elevados costos, ofrecer mejores salarios y condiciones laborales a sus trabajadores, afectados por las crisis económica y cuya delicada problemática sólo podrá administrarse con una gran dosis de comprensión, buena fe y sentido de justicia. En las nuevas corrientes que impulsan el desarrollo universitario, desde calificados organismos internacionales como la Unesco, el paradigma de servicio para las universidades privadas requerirá la adopción de una filosofía de gestión fundamentada en, al menos, tres elementos o atributos: Calidad, Innovación y Responsabilidad Social.
Calidad: asociada a la pertinencia de su oferta académica, la aplicación de tecnologías de información y comunicación; formación en valores de sus alumnos; esfuerzo por lograr estándares superiores de desarrollo en lo filosófico, científico, metodológico o en lo humano para formar excelentes profesionales, como forma de alcanzar su integración a la sociedad. Particular atención deberá conferírsele al docente como líder del proceso educativo y lograr un alto nivel de satisfacción y de crecimiento personal y profesional, así como su formación en la nueva cultura, al constituir elemento determinante de su capital intelectual.
