Hay una tendencia universal -nosotros no podíamos ser la excepción- desde las redes sociales, que se utiliza para denostar de los políticos por igual, acusándolos de ser la causa de todos nuestros males. Porque, quienes escriben esos mensajes, presumen ser la perfección de toda condición humana. Ya he visto análisis científicos, de reputados psiquiatras y sociólogos, afirmando que casi todo tuitero, desde la comodidad de su casa u oficina, se cree el sumun de la perfección, la pureza y la santidad. Eso obviamente es tan falso como fatuo, pero es una realidad que debemos enfrentar. Al menos no sucumbir frente a su chantaje permanente.
Digámoslo de una vez por todas, la política no solo no presume de pureza, inocencia o candidez, sino de todo lo contrario y no se trata de ningún mal endémico incorporado al cromosoma de unos “políticos malucos”, sino porque quienes ejercen tan denostado oficio son los líderes de seres humanos y no de ninguna troupe de ángeles, arcángeles y serafines. Usted, estimado lector, si es un opositor a éste régimen y quiere unir solo a quienes considera libre de todo error, defecto o mácula, pues le sugiero dirigirse a la Iglesia más cercana a su domicilio y buscar, en las imágenes sagradas, el Santo de su preferencia a ver si logra que baje a hacer política por usted, pero le rogamos que deje la memez de denigrar de todos los políticos, con el consabido retintín de que “todos son iguales” y, en consecuencia, “todo está perdido”.
Los políticos no son perfectos, ni mejores o peores que usted, simplemente son seres humanos ejerciendo una nobilísima tarea que presume entrega y sacrificio por los demás. Tampoco los políticos esperan recompensas de apoyo unánimes a su actividad, porque quienes actuamos en este campo del quehacer humano tenemos muy presentes las palabras de ese latinoamericano y hombre de Estado de excepción, que es Julio María Sanguinetti, quien suele afirmar: “los políticos somos como los remeros de los viejos galeones: llevamos palo para remar y palo para dejar de remar”. Y tiene razón.
En definitiva, a lo que vamos: impulsemos la unidad de todos, empinémonos por encima de diferencias obvias pero nimias, frente al inmenso reto de sacar a nuestra nación de esta pesadilla. Más del 80% de los venezolanos adversamos a este gobierno y si todos presionamos, ayudando así a la comunidad internacional que ya lo está haciendo, para obligar al régimen a hacer elecciones, lograremos el objetivo del cambio de régimen. El tema es que no hay alternativa diferente a ésta, porque no conozco a ningún Estado del planeta que haya planteado algo distinto. Y aquí quienes vociferan, contra las elecciones, no plantean nada diferente a una hipotética e ilusa invasión, pero quien la podría ejecutar nunca lo ha planteado seriamente.
