No es fácil sentirse seguro en una sociedad en la que la violencia del hampa se ha mezclado con la de los paramilitares y por otro lado amenaza con cobrar fuerza la violencia política y esta intenta ser controlada por la violencia del Estado que suele cometer graves excesos policiales. En tales circunstancias, se amplifica el impacto psicológico del crimen, el terrorismo y la represión. Y la combinación de estas diferentes formas de violencia es aprovechada para proyectar la impresión de que Venezuela está al borde de una guerra civil.
Venezuela no está al borde de una guerra civil ni la población está sometida a una brutal represión. Sin embargo, no hay que descartar que los grupos violentos arremetan nuevamente para atizar una confrontación con los colectivos duros del chavismo, buscando el número crítico de muertos que pueda ser presentado al mundo como prueba de la supuesta masacre que sufre el pueblo a manos del gobierno, y sobre esa base justificar una intervención extranjera que -en su afán de sacar a los chavistas del poder-, imponga un gobierno de ultraderecha que termine dando al traste con la democracia venezolana.
En Venezuela, la vía para dirimir las contradicciones y conflictos tiene que ser el camino democrático y constitucional. Es inútil promover una salida violenta en un pueblo esencialmente pacífico. El único cambio de gobierno que la sociedad venezolana y el escenario internacional están dispuestos a reconocer es el que surja de un proceso de acumulación de fuerzas, bien sea en las parlamentarias del 2015 o en las presidenciales del 2019, pasando incluso por la posibilidad de activar el Referendo Revocatorio que permite la Crbv.
Los sucesos de febrero de 2014 dejaron claro que de nada vale convertir en trincheras de la violencia los estados o municipios que controla la oposición. Facilitar la alteración del orden público, impedir el libre tránsito de las personas y ofrecer espacios para el montaje de escenas violentas que luego son transmitidas por todo el mundo para dejar la impresión de que el país está ardiendo en llamas, finalmente provocó el cansancio y rechazo de sus propios seguidores.