Opinión

La infamia del Dictador, por Juan Pablo Guanipa

La locura de constituyente que ha planteado el dictador Maduro va a ser enfrentada en la calle. Todos los ciudadanos debemos tener claro que se trata de la consumación definitiva del golpe de estado. Lo que plantea el irresponsable y cínico de Nicolás es convocar una constituyente comunal que no existe en la Constitución, cuyos integrantes serían designados por sectores vinculados a ese “poder popular” que es controlado por el dictador. O sea, serían elecciones en las que sólo participarían ellos, como en Cuba. Tendríamos entonces constituyentistas provenientes de las misiones, de las comunas, y de esos supuestos sectores manejados todos por el madurismo.

Esa propuesta es un acto de cobardía producto de la conciencia del desprecio popular  a este régimen y a quien lo dirige. Desde la aplastante derrota que sufrieron en las elecciones de la Asamblea Nacional, han decidido darle una patada a la democracia y por eso han proscrito el voto universal, directo y secreto al que todos tenemos derecho. Lo proscribieron luego de consumado cuando decidieron impedir el libre funcionamiento de la Asamblea, cuando impidieron la realización de un referendo revocatorio previsto en la Constitucion y cuando decidieron no realizar elecciones regionales.

Ahora, huyendo hacia adelante, pero con un precipicio en frente, intentan hacer ese bodrio que no es la constituyente prevista en nuestra Carta Magna, sino un fraude a todo el pueblo de Venezuela que, de concretarse, acabaría con la democracia y con el todavía por realizarse Estado Federal Descentralizado. En el camino hacia ese despropósito disolverían la Asamblea Nacional, a la cual el dictador califica de podrida quizá midiéndola con su propia conciencia.

Si tenemos claro que la que propone Maduro no es la Constituyente prevista en la Constitución Nacional, si tenemos claro que lo que busca es elegir una constituyente de adeptos para seguir destruyendo la democracia, el voto, la calidad de vida de los venezolanos, en general, para seguir destruyendo el país, tenemos la obligación de actuar, de salir con más fuerza a la calle a encontrarnos con los ciudadanos que no permitirán ver a su patria hundirse en una dictadura corrompida y destructora.

Nosotros hemos exigido elecciones y hasta ahora no hay elecciones, al menos con el voto universal no. Hemos exigido la apertura de un canal humanitario de medicinas y alimentos y el dictador no muestra interés alguno en el sufrimiento de nuestros ciudadanos. Hemos exigido la libertad de los presos políticos, el desmontaje de los grupos paramilitares armados por el régimen, el respeto institucional a la Asamblea Nacional electa por el pueblo y nada de esto se atiende. ¿Qué nos queda? Profundizar nuestra acción de protesta pacífica en las calles de Venezuela. Seguir ejerciendo presión interna e internacional.

Muchas mentiras dijo el dictador en su anuncio del 1 de mayo, entre otras dijo que es un demócrata curtido y que no quiere una guerra civil. La propuesta que ha hecho, que no es más que una estafa, es una demostración de lo contrario. Maduro no es demócrata, ha sido golpista y no respeta al pueblo cuando es minoría. Maduro promueve con su actitud una guerra civil porque sabe que los ciudadanos que formamos la mayoría de este país, no vamos a permitir que se acabe la democracia y la libertad y eso incrementará la represion, la persecución y la muerte.

Los venezolanos no tenemos otra opción que ejercer nuestro legítimo derecho a la rebelión. Se ha consumado un golpe de estado y se intenta proscribir la Constitución. A esta gente no le importa la democracia ni el voto y mucho menos el bienestar de la población. Saben que toman estas decisiones en medio de la debilidad del rechazo popular y del escrutinio internacional. Así que no podemos amilanarnos ni permitir que nos quiten la esperanza. Nuestra lucha tendrá sus frutos porque Venezuela merece vivir en democracia, en paz, en libertad y en progreso.

 

 

 

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