Ante la proximidad del 18 de noviembre, Día de La Chinita, nos adentramos en ese fenómeno vital del Zulia, en la dinámica de su ser colectivo, en esa energía creadora de hombres y mujeres de esta región, que aman su Virgen, con la pasión del zuliano, con su modo fecundo y cristiano y su actitud zuliana ante estos momentos de gran fervor religioso. La sonrisa de la aurora del día de La Chinita se difunde en este amanecer con un significado de bendición de Ella para el Zulia y su pueblo.
Esa mujer bien-amada cada año tiene presencia nueva en su signo definitivo de la alianza y del amor de Dios con nosotros, quienes en la solemnidad de la Liturgia hacemos silencio, y con la frente inclinada oramos por tantas necesidades de los ciudadanos de este insigne pueblo que, como expresó Jacinto Pérez Arcay, “tiene una misma bandera, un mismo himno y un mismo escudo, y nos cobijamos sobre la misma tierra y debajo del mismo pedazo de cielo”.
Esta tierra zuliana representada en una sociedad de y para el amor, siente la presencia de Dios en la naturaleza, en ella nos muestra el Creador su tarjeta de presentacion, y siente a su Virgen Chinita como el refugio donde se le entregan las dudas y las deudas, los miedos y la urgencia de milagros, en palabras cortas, en palabras tersas, viendo como llueve y germina nuestra tierra; y al estar frente a Ella en esa tarde gloriosa de su día bendito, cada corazón cancela la agenda de esas horas, a la espera de sus signos que envía a cada uno, poseídos por la certeza de su presencia, de su amor, de la entrañable Chinita que siempre esta al comienzo de todos los caminos que conducen a la trascendencia del Zulia; la inefable protectora que espera a sus hijos al final de sus arduas tareas, con el rosario de infortunios que han marcado el paso en esta contemporaneidad, haciendo indispensable la intervención de nuestros mejores espíritus.
Tarde y noche de esplendor vivirá la feligresia zuliana en la misa que se celebrará en la plazoleta de la basílica, el día 18 a las 5 pm, que calará muy hondamente en el espíritu cristiano, mariano, de quienes presentes sentirán el sonar de las campanas que tañerán en los corazones, galopando al unisono la zulianidad y el culto amoroso a la Virgen Chinita, emociones que inyectarán energía y vitalidad a un pueblo que trata al optimismo con la fe de que es un baluarte indispensable para avanzar por encima de obstáculos que son ingredientes en todo proceso evolutivo, social, personal; sentimientos que nos unirán como zulianos, como cristianos.